¿Confiaría su dinero a la voluntad de un algoritmo?

El pasado diciembre, en casi todas mis comidas navideñas acabó apareciendo la inteligencia artificial. A veces en forma de aplicación, otras simplemente como tema de conversación. En una de esas comidas, con un grupo de amigos unidos por nuestra afición a la pintura –y no precisamente por hablar de mercados financieros–, la charla derivó, inevitablemente, hacia lo que la IA puede hacer (y lo que no) en el mundo de la inversión.

El grupo era una mezcla peligrosa: algunos trabajamos en el sector financiero y otros son inversores. Con ese cóctel, el debate estaba servido. Yo defendí –con la vehemencia que me caracteriza, porque enseguida me apasiono– que aún falta tiempo para que la IA nos sustituya en el asesoramiento financiero y la gestión de inversiones. La réplica fue inmediata y demoledora: “¿De verdad crees que tú puedes analizar datos mejor que una IA?”.

Mi respuesta: “Por supuesto que no. Ni yo ni ningún otro ser humano puede procesar datos como lo hace una máquina. Pero la cuestión no es esa. El problema no es la capacidad de cálculo, sino cómo se usa. Porque para que una IA recomiende algo con sentido, hay que saber qué preguntarle. Y si no, puede meterle a uno en un lío considerable”.

Antes de volver al arte y dejar de lado el mundo de la inteligencia artificial, alguien prometió........

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