No es normal que el absentismo cueste el triple que el desempleo

Es irritante escribir de este asunto y reclamar respuestas sin recibirlas, pero los niveles críticos alcanzados por el absentismo laboral y la procrastinante actitud de los gestores políticos renuevan la demanda activa y exigente de decisiones. Si la ministra de Trabajo (y delegada sindical en el Gobierno) y la de Seguridad Social dedicasen a combatir el absentismo y la incapacidad laboral solo la décima parte de los esfuerzos que emplean en ampliar y proteger lo...

Para seguir leyendo este artículo de Cinco Días necesitas una suscripción Premium de EL PAÍS

s derechos laborales y elevar el coste para las empresas, estaríamos cerca de la solución.

Pero su política absentista en la materia, que genera actitudes igualmente absentistas en los gestores laborales y sanitarios, amenaza con cronificar y engordar un fenómeno que cuesta a los españoles, vía cotizaciones, 18.500 millones de euros, casi tanto como las prestaciones por desempleo (24.000 millones en 2025), y a las empresas y al aparato productivo (más de 50.000 millones, apuntando con modestia). Agregando ambas facturas, un coste que triplica la protección por desempleo.

De esta especie de enfermedad común del mercado de trabajo no es solo el Gobierno responsable, con ser el primero y principal por su capacidad de decisión política. Hay toda una serie de eslabones encadenados que van desde el trabajador enfermo, o que falta al trabajo sin causa justificada, hasta la institución médica pública, pasando por la intermediación de las mutuas de accidentes, la inspección laboral y sanitaria, o las organizaciones sindicales, siempre interesadas en dejar que el agua siga corriendo sin poner sutura alguna.

Las cifras del asunto son espectaculares, pero de tanto citarlas están tan incorporadas al debate que se dan por normalizadas. Hay tantas fuentes de aproximación al fenómeno como........

© Cinco Días