La guerra entregará al turismo un desempeño récord este año

Las guerras son siempre una tragedia para las naciones que las sufren y desatan devastadores efectos para todas las economías, y con más intensidad en las dependientes financiera, energética o tecnológicamente de otras. Pero disponen también de efectos beneficiosos directos para actividades como las armamentísticas, y colaterales para otras en función de sus ubicaciones geográficas. Un buen ejemplo es el turismo para España, que registrará un creciente atractivo este año, y seguramente un nuevo récord de visitantes e ingresos, por la combinación de sus atributos genéricos con unas coordenadas geográficas lo suficientemente alejadas del conflicto de Oriente Próximo como para proporcionar la seguridad demandada por los visitantes.

Puede considerarse atrevido, inescrupuloso y ausente de ética hacer cálculos sobre los hipotéticos beneficios de una guerra. Pero no es un ejercicio que deba reservarse solo a quien las inicia, como es el caso de EE UU e Israel en esta última, que seguramente han cifrado de antemano que los réditos superarán a los costes, como con absoluta claridad los superaban para la Administración Trump en Venezuela. De hecho, habría que buscar mucho para encontrar un conflicto bélico que no tuviese una motivación económica primaria, y seguramente no encontraríamos ninguno. En este caso, como otras muchas veces en el pasado, la actividad turística en España será beneficiaria ocasional e involuntaria de la guerra, aunque en absoluto será la única.

Al igual que en la crisis económica provocada por la peste del covid, España e Italia fueron los países que encajaron más daño por la intensidad turística de sus economías, que retardaron mucho más que sus pares la recuperación hasta los niveles de 2019, ahora ambos países, más........

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