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El combate de la inflación en una economía indexada

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09.09.2026

Vuelve la inflación, si es que alguna vez se había ido. Compañera inseparable de las guerras, alcanzó valores de otro siglo con la invasión de Ucrania y, cuando parecía controlada, es detonada de nuevo con la de Persia. Hace las mismas falsas pausas que el conflicto, pero empieza a generar ya la inevitable metástasis más allá de la energía, y aunque los guardianes de la estabilidad de los precios han reaccionado ahora mejor que en 2022, nadie evitará un nuevo impasse en la economía. Que sea pasajero o dilatado dependerá de la firmeza de las decisiones de los bancos centrales, pero también del sacrificio compartido de quienes determinan el resto de los costes y los márgenes de la actividad, dejando de lado la enfermiza indexación de la economía.

El daño infligido por la primera y la segunda guerra de esta década a la economía mundial persistirá más allá del ruido de las armas. La inflación es un fenómeno acumulativo y como tal mina la capacidad de las rentas para siempre, porque los paliativos para contrarrestar sus efectos nunca corrigen todo el daño. A nadie que maneje las finanzas de su hogar se le hará creer que el encarecimiento descomunal de la alimentación es pasajero y que será absorbido, por muchos incrementos que tenga en su renta ni por hipotéticas deflaciones de los productos que componen la dieta. Hay que recordar que la inflación acumulada desde 2021 hasta ahora (agosto de 2026) supera el 26%, pero la de la alimentación salta por encima del 36%.

Otro tanto ocurre con los precios del ocio, restaurantes y hoteles, que acumulan en el mismo periodo un 33,6%, según Estadística, un impulso que tiene que ver mucho con la subida de los inputs del negocio, pero mucho más con las alzas no justificadas técnicamente y amparadas por las empresas que manejan la oferta en la exuberancia de la........

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