Cuando las llaves del comercio mutan en espoletas bélicas

Cuando la guerra entra por la puerta, el derecho internacional salta por la ventana. En los últimos tiempos, salta incluso antes, porque las iniciativas unilaterales de los más fuertes han desplazado al sistema tradicional de equilibrios y han dejado prácticamente en papel mojado a las instituciones de consenso y neutralidad como la Organización de las Naciones Unidas. Encapsular cada conflicto y limitar su influencia económica puede ser una vana ilusión en tiempos de globalización en los que el efecto mariposa universaliza los daños a la velocidad de la luz; pero la libertad de movimiento de los intereses ajenos al conflicto debe estar rigurosamente blindada. ...

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No hay más de media docena de llaves maestras del comercio y la actividad mundial, pero que son, a la vez, puntos críticos de estrangulamiento de la economía mundial en la geografía, espoletas cuya apertura paralizaría la economía mundial, que deberían ser inviolables y disponer de garantías absolutas de uso por los agentes económicos, independientemente del estado anímico del mundo. Es mucho pedir que la guerra respete las normas, porque no lo ha hecho nunca y en ocasiones ha hecho saltar por los aires las instituciones que estaban llamadas a preservarlas, como ocurrió con la Sociedad de Naciones en el siglo XX. Pero los mínimos puntos de consenso entre las grandes potencias (la renuncia a usar de nuevo la bomba atómica, una vez que la renuncia a su proliferación no ha sido posible, y que podría estar en la génesis de este último conflicto) debería extenderse a cuestiones como la libre circulación de los recursos económicos que mueven el mundo.

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