¿Firmará De los Mozos los gastos de comidas a Simón? A vueltas con quién manda en Indra |
El punto y seguido a la saga de Indra arroja incertidumbres que empiezan a resolverse -o al menos a plantearse- en el día a día de los coquetos y discretos comedores de la sede de la compañía en Alcobendas, a la vera del popular Diversia y no lejos del boato de La Moraleja. El aterrizaje en la presidencia de Ángel Simón, cerrado con nocturnidad cerca ...
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de la hora en la que canta el gallo, se finiquitó un Jueves Santo sin la gracia de poderes ejecutivos para el excapitán general de CriteriaCaixa. No era lo que quería el Gobierno. La imposibilidad de alcanzar los necesarios dos tercios de mayoría reforzada en el consejo de administración para sacar adelante la votación, con los independientes rebotados y a la contra, arrojó al Ejecutivo a una solución de compromiso. Así se forjó la designación de un chairman de toda la vida y la apuesta temporal por un único ejecutivo, José Vicente de los Mozos. Remendado el entuerto, ¿alguien se imagina a Simón de presidente florero a medio plazo?
Los voceros del que por poco tiempo fuera hombre fuerte de Isidro Fainé corrieron a adecuar el relato a la realidad que se olfatea, poniendo énfasis en que su fuerza estará en presidir la comisión ejecutiva -la delegada del consejo de toda la vida- y la de estrategia. En medio de un torbellino parecido, allá por mayo de 2021 y tras la también abrupta salida de Fernando Abril Martorell, que sí tenía funciones ejecutivas, el Gobierno eligió como mero chairman a Marc Murtra, que no escapó de las bromas dentro de la casa. “Sus facturas de comida las tendrá que aprobar Mataix”, se decía con sorna en alusión a uno de los dos consejeros delegados que gestionaban por aquel entonces la operativa diaria. Más allá de las chanzas y del centro de gastos del que finalmente dispondrá Simón, su capacidad para mandar no vendrá de su presencia en ninguna comisión. “Manda quien tiene la interlocución del Gobierno. Y De los Mozos no la tiene”, asegura una fuente próxima a la empresa y al tanto de la hoja de ruta seguida en los días de pasión que forzaron el adiós de Ángel Escribano.
En ese tránsito, Simón afronta desafíos capitales. El primero, ganarse a los independientes si de verdad quiere aprehender poderes ejecutivos. Especialmente hábil en esos menesteres, cuentan quienes lo conocen que Simón no tendrá problemas en su cortejo al cónclave, cosa que el propio Escribano -siempre a pie de fábrica- logró desde su conocimiento del negocio. “De hecho, ya lo está haciendo”, aseguran estas fuentes. El segundo reto del nuevo presidente, si cabe más delicado, es gestionar al propio De los Mozos. “No sé donde ha estado. Creo que quizá ha estado beneficiándose de no estar en ningún sitio, o de lo que más le interese”, decía Escribano sobre él en una entrevista con El Debate, mordiéndose la lengua. El agrio desencuentro del presidente saliente con el CEO no habrá pasado inadvertido a Simón, envuelto no hace demasiado en intrigas de piel similares. Tras un arranque tranquilo, el ejecutivo manresano diseñó una estructura a su medida en Criteria, con perfiles afines y salidas estratégicas que estresaron sin remedio la organización. Aquí, por ahora, no es ejecutivo, si bien dio la cara ante la plantilla el pasado miércoles para avalar un retraso en la actualización del plan estratégico y, quizás, ganar tiempo. “Se acabó el salseo”, coincidieron él y De los Mozos para distanciarse de Escribano y la presencia diaria de la compañía en la prensa. Lo que pase, mejor con discreción.
Sobre la mesa del tándem, el elefante en la habitación: la compra de Escribano Mechanichal & Engeneering (EM&E). En este punto, la salida de Escribano era condición sine qua non del Gobierno para resucitar la operación, pero su cumplimiento en ningún caso mete la iniciativa en un fast track. Es más, la quiebra de la confianza entre las partes es proverbial, al punto de que el escenario más plausible pasa por que la familia fundadora venda ex ante una parte del 14% que atesora en la empresa de defensa para despejar cualquier atisbo de que pudiera, con la colaboración de algún socio, superar el porcentaje de la SEPI y alejar la compañía del control del Ejecutivo. Este, desde la oficina económica de Manuel de la Rocha, ya había visto con estupor cómo, a partir de un determinado momento, Escribano se dedicó a ejercer su cargo y gestionar el conglomerado según su criterio. No debía ser lo hablado.
Para facilitar la transacción, el mercado maneja que Escribano podría desprenderse de en torno al 6% del grupo de defensa para quedarse entre el 7% y el 8%, perdiendo el derecho a reclamar un segundo consejero. Está por ver también cómo la familia resuelve el derivado de JP Morgan a través del cual canaliza su participación. Además, toca retomar la valoración de la compañía, disparada a lomos del bum de la defensa. Indra, constreñida por la deuda, requiere acometer parte de la operación en efectivo y parte en papelitos. De ese diseño dependerá la cuota final de Escribano. Lejos queda cualquier acercamiento a Rheinmetall, meros fuegos de artificio para encarecer la única operación posible.
Con el nombramiento de Ángel Simón, el Gobierno zanja una deuda y confirma una leyenda urbana. “Le deben una”, se aseguraba en los conciliábulos madrileños tras su abrupta salida de Criteria apenas un año después de ser ungido como inevitable delfín de Fainé. A la vista de los acontecimientos, las inversiones que promovió, muchas veces tan de la mano del Gobierno que ambas entidades parecían un holding, debieron proporcionarle tanta popularidad en La Moncloa como desafección en el durante tanto tiempo todopoderoso inquilino de las torres negras de la Diagonal, acostumbrado a una gestión menos estridente. Como CEO de Criteria, Simón avaló con su presencia el despido de José María Álvarez Pallete -a quien Fainé siempre respaldó, con apoyo a la cotización de Telefónica incluido- en las propias dependencias de la avenida Puerta de Hierro, a la vera del despacho de Pedro Sánchez. Meses después de salir del imperio Caixa, tras el apagón, su nombre ya sonaba como factótum de un súper operador energético que englobara distribución y transporte. El último movimiento demuestra que Simón, con vínculos de largo aliento con el PSC, es uno di noi. Moleste a quien moleste.