KKK
Para no haber muchas palabras que empiezan por k, esta semana hay tres que no se nos caen de la boca: Kitchen, Koldo y Kiko. ... Con k de kilo, de los que se han echado al bolsillo. Es lo que tiene la raza cobriza, que diría Hilario López Millán, añorado cronista del esperpento patrio.
Unos arramblan con los dineros públicos y otro con los privados, exclusiva mediante: Kiko Rivera, el hijo de Isabel Pantoja antes conocido como Paquirrín, soltó su veneno en 'De viernes' para emponzoñar la imagen de su exmujer, Irene Rosales, a quien llamó «mantenida» y cosas peores. Ese es el pago que la otrora esposa ha recibido por soportar sus adicciones, sus colegas fiesteros y sacacuartos, sus movidas familiares y sus amantes deslenguadas con raras aficiones en la cama: una confesó que lo que a ella le ponía era depilarle la espalda con crema. Bueno, así se ahorraba el tío tener que ir al esteticista. Y al podólogo, que Rosales le tuvo que cortar las uñas de los pies en 'GH Dúo' porque él no sabía. «Las tienes superduras, gordi», le dijo. Como la cara.
Despezuñado o no, hace unos años Rivera crucificó a su madre previo pago de su importe. Ahora, reconciliado con ella por motivos perrunos, es decir, de perras (está la venta de Cantora por medio), carga contra sus exparejas, contra su hermana y contra el lucero del alba. O la lucera, poque siempre escupe sobre las mujeres. Misoginia, se llama eso. Y victimismo, que él nunca tiene la culpa de nada. Mira, como Koldo, Ábalos, Aldama, Fernández Díaz, Francisco Martínez, Villarejo y demás cuerpos extraños. Todos inocentes perdidos, hasta que el Supremo y la Audiencia, la Nacional o la televisiva, digan basta. Una coincidencia kármica. Y un kilombo.
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José Luis Ábalos Meco
