El 'Plus Ultra' se marchó pero quedó la 'Aviación'

En los primeros momentos de una época maravillosa, por todo lo que significó y trascendió para la isla, pese a las grandes dificultades que también ... habían, de esos años veinte del siglo pasado en los que Gran Canaria y su capital se abrían a diversos nuevos ámbitos y perspectivas, que llegaron a marcar su propio de venir y hasta buena parte de su identidad, Alonso Quesada en 1919, en un crónica titulada elocuentemente, y con melancolía, 'El avión se fue', rememoraba como «Anteayer se marchó el avión y la ciudad se quedó sin este pequeño detalle. Ahora parece que le falta una cosa. Tiene la ciudad el mismo aire desairado que una bota a la que le falta el botón de arriba». Pero si aquel avión -un hidroavión Georges Lévy HB-2-, el de Henri Lefranc , que procedente de Tolón se dirigía a Dakar y fue el primero en amerizar un 24 de diciembre en la Bahía de Las Isletas, en el corazón del Puerto de La Luz, se fue casi tan inesperadamente como llegó, sin embargo la que se quedaba era «la aviación», el orbe de la navegación aérea, y lo hacía ya para siempre, para ser parte sustancial e identitaria de unas islas que con esta nueva vía reforzaba infinitamente su histórico papel de encrucijada entre continentes, de punto de encuentro entre culturas y civilizaciones. La semilla que seis años antes había dejado Leonce Garnier, un 30 de abril de 1913, al abrir con su 'Bleriot XI', en la llanura de Guanarteme, la historia de la aviación en Canarias, comenzaba a germinar, a crecer sana y frondosa, hasta llegar a ser la espléndida y multicolor flor que es hoy.

Pronto tanto el Ayuntamiento capitalino, como el Cabildo insular, recogían un amplio sentir social a favor del desarrollo de la aviación en Gran Canaria. Una aspiración arraigada que se manifestaba cada vez con mayor fuerza, y se expresaba públicamente en cada oportunidad que significaba la llegada de un nuevo vuelo, muchos de ellos valiosos pasos para la historia de la aviación mundial, como el caso del vuelo pionero de Gago Couthino y Saccadura Cabral entre Lisboa y Brasil, a bordo de su Hidroavión Fairey, nominado 'Lusitania', que llegó al Puerto de La Luz un 30 de marzo de 1922, tras ocho horas de navegación, o cuando Gran Canaria, en los últimos días de enero de 1924, fue una fiesta con el recibimiento, la gran acogida y los días inolvidables que aquí pasaron las tripulaciones de los aviones del 'Raid Larache-Canarias', que fue mucho más que el primer aterrizaje de unos aviones en el páramo de Gando, mucho más que confirmar la posibilidad de unas nuevas rutas aéreas, que conectaran la península Ibérica y África con las islas Canarias, mucho más que asentar a ese territorio como el mejor emplazamiento para un gran y moderno aeródromo. Así, ya en 1922 el Cabildo tomó un acuerdo plenario para solicitar un servicio aéreo entre la península y Canarias, con centro de comunicaciones en Las Palmas, dada la importancia del Puerto, al tiempo que se realizan las primeras gestiones para establecer un aeropuerto, que pronto, tras estudiarse varios emplazamientos, se entiende que debe estar en los llanos de Gando. Como ha señalado el historiador Manuel Ramírez Muñoz, el Cabildo estaba convencido que Gran Canaria «era el mejor punto de escala para las aeronaves que hicieran sus travesías en esta parte del Atlántico» (2003). Pero, aunque se usó ya reiteradamente ese lugar desde varios años antes, sería en abril de 1930 cuando, por una orden real, se declara oficialmente «aeropuerto nacional» a las instalaciones terrestres y marítimas que se construyesen en Gando.

Gran Canaria estaba convencida hace cien años de la importancia trascendental que el desarrollo de la aviación tendría para el devenir y la prosperidad del archipiélago. No es de extrañar que la prensa de aquellos días, ante la llegada de un vuelo trasatlántico que había despertado el interés en todo el mundo, como era del hidroavión 'Plus Ultra', que partiendo de la localidad de Palos, en Huelva, tenía como meta el puerto de Buenos Aires, Argentina, señalase textualmente el 21 de enero de 1926 como «La escala en este puerto del hidroavión español en su viaje que constituirá en la Historia un extraordinario acontecimiento, debe halagarnos, honrarnos y enorgullecernos». A ello se unía la idea que, si «la aviación es en verdad una maravilla de nuestro tiempo, a nosotros nos llena de júbilo que Canarias se halle en condiciones de aprovechar los incalculables beneficios que para la vida moderna se desprenden de las comunicaciones aéreas». Y es que ya entonces se conocía que «Todos los aeronautas célebres en la historia de la aviación universal, que conocen el puerto de la Luz y la bahía auxiliar de Gando, han reconocido las ventajosas condiciones y las garantías y seguridad que ofrecen para sus operaciones a los pájaros mecánicos que cruzan el espacio devorando kilómetros con una velocidad vertiginosa».

La escala del 'Plus Ultra' en Las Palmas de Gran Canaria y la Bahía de Gando hace ahora 100 años es una efemérides que marca un hito en la historia insular, con trascendencia mundial, que Gran Canaria no sólo no puede, ni debe, olvidar, sino que tiene que tener siempre a la mano y muy presente para mirar al futuro en el que nuevos grandes hitos pueden y deben también marcar el progreso de Canarias.

Si el propio jefe de aquella intrépida e histórica escuadrilla de aviadores, el comandante Ramón Franco, en su discurso de la noche del 25 de enero de 1926, en la cena se les ofreció en el Hotel Los Frailes de Tafira, señalo como «Puerto incomparable este de Las Palmas de Gran Canaria, que si hoy, por sus grandes condiciones y excepcionales ventajas es de los primeros del Atlántico y la escala obligada de los grandes vapores de las líneas de Europa, África y América; por esas singulares condiciones y la de poseer como auxiliar esa magnífica e incomparable bahía de Gando, será también la obligada y única estación de amerizaje en estos mares, de las futuras líneas de navegación aérea en las rufas de América, Europa y África...», tampoco se puede olvidar como el alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Salvador Manrique de Lara y Massieu, no dudó en publicar un bando el 6 de febrero de 1926 con motivo de la llegada del 'Plus Ultra' a Buenos Aires», y su multitudinario recibimiento bonaerense. Un bando en el que proclamaba de «memorable efemérides en la historia de la aeronáutica universal de este arriesgado vuelo a través de Atlántico marcando la ruta de las futuras comunicaciones aéreas entre Europa, África y América».

El 2 de abril siguiente pasarían de regreso por el Puerto de La Luz los grandes aviadores, que habían escrito una de las primeras y más trascendentes páginas de la historia de la Aviación mundial. El comandante Ramón Franco, el teniente de navío José Manuel Durán, el capitán Ruiz de Alda y el mecánico de vuelo Pablo Rada, fueron recibidos con manifestaciones multitudinarias, con homenajes y recepciones diversas, al tiempo que sus calles pasaron a rotular calles de la ciudad desde ese mismo día. Para Las Palmas de Gran Canaria, para Gran Canaria en su conjunto, y así lo entendió masivamente la sociedad de entonces, fue mucho más que una aventura, mucho más que un gran esfuerzo humano, mucho más que un récord aeronáutico, muchísimo más que un momento de gloria. Fue el primer gran paso hacia la realidad que es hoy, y a las miradas que ahora también deben construir en futuro.

Límite de sesiones alcanzadas

El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.

Por favor, inténtalo pasados unos minutos.

Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.

Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.

¿Tienes una suscripción? Inicia sesión


© Canarias7