Más gasolina

Como si fuera poco el combustible alrededor de la hoguera que hay ahora mismo en Oriente Medio, llega un pirómano más al escenario cargado con ... un bidón de gasolina. Es, más o menos, lo que anuncia el presidente de Francia, Emmanuel Macron, que parece aplicar la misma receta de Donald Trump cuando las encuestas apuntan que su popularidad ha caído: un conflicto bélico para ver si así remonta en la demoscopia.

El dirigente galo activa una operación militar a gran escala que, según sus palabras, es «defensiva» y que se centra en garantizar el tránsito de buques por el paso estratégico de Ormuz. Sobra decir que se dará prioridad a los navíos que transportan el crudo que se extrae en los países del Golfo Pérsico, porque ese es el interés prioritario del Gobierno galo.

En lugar de presionar a Estados Unidos e Israel para que detengan el conflicto que iniciaron y de hacer lo propio con Irán, desde París se opta por una aparente equidistancia pero que, en la práctica, supone elevar los riesgos de un conflicto internacional de dimensiones que sí podemos calcular pero que preferimos no hacerlo: una tercera guerra mundial. Cuantos más países se movilicen militarmente en la zona y cuantos más medios se desplacen al lugar, mayor será la posibilidad de que un simple error de cálculo en el lanzamiento de un misil desencadene una guerra sin precedentes. El argumento de que se trata de una misión «defensiva» es un eufemismo que insulta a la inteligencia de quien lo escucha: no se acude allí a ayudar a los civiles iraníes bombardeados o a los israelíes que sufren los misiles lanzados desde Irán o desde suelo libanés, sino que se da prioridad al tráfico marítimo del crudo. Se ve que a Macron le importa más detener la escalada del precio del petróleo y la sangría de las bolsas que la otra sangría: la de la hemoglobina derramada.

Estamos hablando de la misma Francia que hace bien poco salió corriendo de África porque se cansó de ir a la base aérea de turno a recibir con honores los féretros con los cadáveres de sus soldados. Eran militares desplazados a varios lugares del Sahel para tratar de poner orden en antiguas colonias y auxiliar a la población civil, pero como allí no había un negocio petrolero que salvar, al final se optó por la vía más pragmática (y cómoda).

Dice la presidenta la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que el antiguo orden que disfrutábamos se acabó y que ahora son otras las reglas del juego. Pues ya lo vemos: se resume en salvar el crudo y pasar de la gente.

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