La disculpa real

El rey Felipe VI se ha ganado los elogios de unos (más bien pocos) y las críticas de otros por sus palabras el pasado lunes, ... cuando, aprovechando una visita a una exposición, hizo una especie de disculpa por los excesos cometidos hace siglos durante la colonización de lo que hoy conocemos como México por los españoles. Entre las críticas, las más furibundas vienen desde sectores ultraconservadores, con una carga crítica que sobrepasa a quienes están instalados en el bloque de la izquierda antimonárquica. Son los mismos que llevan tiempo sosteniendo que la Casa Real es una especie de cómplice de lo que está pasando en este país, como si Pedro Sánchez tuviese en Felipe VI y en doña Letizia a un colaborador necesario.

Si vamos al fondo de la cuestión, es evidente que la colonización no fue pacífica. Es más, ninguna la fue. Cometieron excesos y barbaridades los españoles en el centro y el sur de América, como tambiénlos ingleses en lo que después fue Estados Unidos; otro tanto alemanes, franceses, holandeses y nuevamente ingleses en África y Asia; y tampoco se quedaron cortos los súbditos de la Corona británica en Oceanía... A fin de cuentas, estamos hablando de gentes que llegaron a un lugar donde ya había hombres y mujeres, con el añadido de que los primeros se consideraban con un derecho inexplicado a convertirse en dueños de aquella tierra... Recordemos que lo que para España ha sido durante siglos el 'descubrimiento' de América, para ellos fue, en gran medida, un proceso que no entendían y con una cuota de sufrimiento, porque evidentemente ya se sentían 'descubiertos': estaban allí y, desde su perspectiva, lo único que 'descubrieron' fue una cultura nueva. Esa que se les impuso.

Ahora que tanto se debate en Occidente sobre si quien llega de fuera debe integrarse, entendiendo como tal renunciar a sus postulados culturales y religiosos y asumir los del lugar en el que se instala, no está de más preguntarse por qué en las colonizaciones damos por bueno que el proceso fuese a la inversa: los nativos son los que tuvieron que integrarse en la cultura del extranjero.

También es cierto que juzgar el pasado con los parámetros del presente no es un acto de justicia temporal. Si México necesitaba un reconocimiento de los excesos y una disculpa, ya los tienen y en boca del jefe del Estado. Pero hay que mirar hacia adelante: lo digo porque anclarse en el pasado también acaba generando vicios. Miremos la permisividad de Alemania con los excesos actuales de Israel...

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