Insostenible, lamentable y patético

Lo del Gobierno de Pedro Sánchez empieza a estar entre lo insostenible, lo lamentable y lo patético. Llega el día de un Consejo de Ministros ... de relevancia para aprobar medidas contra el impacto económico de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y los ministros de Sumar no entran a la sesión porque no están de acuerdo con lo que va a acordarse. La sesión se retrasó dos horas, hasta que en un encuentro 'in extremis' entre Sánchez y Yolanda Díaz derivó en un acuerdo que ya veremos si consigue los avales necesarios en el Congreso. Y todo ello precedido de una supuesta ronda de contactos del ministro Félix Bolaños con los partidos para conocer su opinión sobre qué debería hacer el Ejecutivo, mientras otros ministros hacían lo propio con diferentes sectores económicos. La pregunta es obligada: ¿qué credibilidad tiene un Gobierno que, en un contexto así, se presenta roto, hasta el punto de que los ministros de una de las dos formaciones que lo integran se ausentan en un día clave? Después está el asunto de la coherencia: si de verdad en Sumar no están conformes, lo suyo es presentar la dimisión, porque no ir a la sesión para mantenerse en sus despachos es un ejercicio de comodidad inaceptable. Y queda una tercera derivada: así las cosas, el presidente Sánchez debería hacer lo que se espera de un presidente, esto es, firmar la orden de destitución de esos ministros. No es de recibo tener fortaleza para plantar cara a Donald Trump y a Benjamin Netanyahu y no a Yolanda Díaz y el resto de miembros de Sumar.

Canarias, que lleva cuatro décadas de autonomía con gobiernos de muy variado signo y conviviendo partidos de todo pelaje, puede dar lecciones en materia de convivencia de diferentes formaciones en el Ejecutivo. Porque lo que estamos viendo a nivel estatal es una ausencia de cultura democrática inaceptable. Lo fácil hasta ahora ha sido mirar a la bancada de la oposición y señalar a los populismos de la derecha extrema, pero es que en el otro lado el espejo nos enseña la imagen de un Gobierno cuyos integrantes no están a la altura de las circunstancias, no han sabido interpretar el resultado de las elecciones y, sobre todo, lo que supone gobernar en coalición y con una mayoría parlamentaria -cuando la hubo- en la que participaban partidos muy diferentes. Todo ello obligaba a elevar las cotas de exigencia, responsabilidad, humildad y coherencia. Pero lo visto ha sido precisamente lo contrario.

El acuerdo final entre Sánchez y Díaz no repara el daño a la imagen del Gobierno y del país: el espejo se rompió y pegar los trozos no es remedio.

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