El bibliocausto canario: memoria de una cultura perseguida

Un año más llega el día del libro y a algunos la memoria y la historia se nos pone a caminar. Canarias, en estos días con ofertas y ferias del libro, fue hace no tanto un territorio donde el franquismo aplicó la depuración masiva de bibliotecas y la quema de libros “peligrosos”, siguiendo el ejemplo que sus amigos alemanes habían aplicado desde 1933.

Los testimonios de estos sucesos son numerosos en investigaciones y archivos. Uno de los episodios más sonados fue en octubre de 1936, cuando se saqueó y quemó buena parte de la biblioteca familiar y los archivos personales del diputado republicano, Luis Rodríguez Figueroa, al lado de la iglesia de La Concepción, en La Laguna.

Como indica la investigadora Ana Martínez Rus, apenas quince días después del golpe militar el periódico falangista ¡Arriba España!, impreso en Pamplona, incitaba a la destrucción de libros: “¡Camarada! Tienes obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas. ¡Camarada! ¡Por Dios y por la patria!”.

Los libros, el acceso a la cultura, las bibliotecas populares, fueron algunos de los caballos de batalla centrales de la II República. Partidos, sindicatos, asociaciones culturales ligadas a la izquierda, trabajaron desde el principio de este cambio político para lograr locales donde ofrecer bibliotecas abiertas al público y enseñar a leer. El Centro de Estudios Sociales anarquista, la Juventud Republicana, la Sociedad Iriarte del Puerto de la Cruz o la Logia Añaza, en Tenerife, fueron espacios que ofrecían ese acceso a la cultura e incluso clases gratuitas. Trataban de romper con siglos donde el acceso a la cultura ilustrada estaba pensada solo para una minoría. 

Las derechas, ayer como hoy, han visto en la cultura un enemigo peligroso. El odio que necesitan solo se puede construir sobre relatos heroicos del pasado y una sociedad incapaz de realizar autocrítica. El falangista de la SEU Jesús Blesa explicaba su visión en el diario Amanecer en octubre de 1936, asegurando que ya desde la campaña electoral de enero de 1936 habían prometido esas prácticas. Ahora, en los territorios en manos franquistas, aseguraba que “...los estudiantes nacional-sindicalistas, convencidos de que el libro es la gran arma moderna, pediremos y exigiremos libros buenos, libros patriotas, que nos hablen de Dios y del destino........

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