Principios de estética |
No sabemos muy bien qué es lo bello, pero sí intuimos qué cosa no participa de la belleza, pues molesta, erosiona, desencaja, deshumaniza: irradia fealdad. La isla en la que vivo agoniza, pese a su potencia de permanecer, como lo hace la planta que crece entre una grieta de cemento. Quizá no le quede mucho tiempo, pues soporta una fealdad cotidiana de difícil encaje, una fealdad como de metástasis. La isla carece de unos mínimos principios de estética que permitan la armonía entre el territorio y los seres que la habitan, entre el silencio de su paisaje y el ruido de sus calles, entre los intentos humanos del crear y la amalgama irrompible de la tradición, la religión y “lo nuestro”. Además, las oportunidades que tienen las administraciones públicas para poner en marcha modelos, planes, estructuras, iniciativas, no digo ya miradas, de esos principios mediante mecanismos democráticos (ordenanzas, decretos, acuerdos) chocan con los intereses privados de un turismo depredador y sus cómplices, que no mejoran la vida de la mayoría, sino que la convierten en una vida en la cola, con las promesa del mito del progreso y el bienestar.
La consecuencia es una anestesia generalizada........