El fin de siècle del mundo editorial ha comenzado en Francia

Desde París ha llegado, discretamente, una de esas noticias que parecen menores y, sin embargo, huelen a cambio de época. No es un premio literario ni el cierre de una librería histórica. Es un comunicado de la Association des traducteurs littéraires de France (ATLF) que anuncia, con una sobriedad muy francesa, que Harlequin (sello del grupo HarperCollins) ha decidido pasarse a la inteligencia artificial.

Traducido a prosa llana: varias decenas de traductores que llevaban años trabajando con la editorial han recibido una llamada telefónica: sus contratos en curso serán los últimos. A partir de ahora, explica la ATLF, un proveedor externo —la agencia Fluent Planet— pasará los manuscritos por un software de “traducción automática” y luego contratará freelancers para que hagan la “posedición” de lo que escupa la máquina. El objetivo declarado: ganar en rentabilidad recortando tiempo de trabajo.

La asociación no se anda con rodeos: habla de “bradage de la traduction”, de rebajar a saldo la actividad de traducir, y de algo que llama un “plan social invisible”: nadie despide a nadie, simplemente se deja de encargar trabajo a colaboradores que llevan diez, quince o veinte años traduciendo para la casa. Personas que, además, no tienen un paro en condiciones ni una pensión garantizada por cómo está montado el sistema de cotizaciones del sector.

Y la denuncia va más allá del drama individual. La ATLF acusa a Harlequin de traicionar también a los lectores: de abrir la puerta a una lógica del good enough, de la “calidad pasable”, que vacía la traducción de saber hacer y de creatividad, y priva al lector de algo tan simple y, a la vez, tan complejo como una literatura “humana y viva”.

Hasta aquí, los hechos.

Lo que está haciendo Harlequin no es ciencia ficción: es contabilidad creativa. Donde antes había traductor, ahora habrá “posteditor”. El matiz no es inocente. Traduce la IA, revisa un humano mal pagado, la editorial cobra lo mismo y el coste laboral se desploma. Es difícil imaginar un resumen más conciso del capitalismo tardío.

Que esto iba a ocurrir era inevitable. Hoy caen los traductores, pero luego caerán los correctores ortotipográficos, seguidos de los maquetadores, los diseñadores........

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