Simpáticas turbulencias
A mi Hijo Guillermo, casi nacido en un avión como todo aquel que nace en Canarias, le hacían mucha gracia las turbulencias. De pequeño, claro. Pensaba que era una especie de atracción de feria con la que la compañía aérea nos deleitaba para amenizar el vuelo. Feliz infancia. Yo lo contemplaba con sonrisa forzada mientras él saltaba al ritmo de los vientos del avión. Bendita infancia, desde luego, que todavía no tiene aprendido el pánico y el peligro, o no lo asocia a cosas tan comunes como un viaje en avión.
Casi tan felices como mi Hijo hemos sido los demócratas con respecto a los loquinarios que quieren cargarse la........
