De Groenlandia a Canarias: la geopolítica de la rendición
Lo acontecido recientemente en los pasillos de Davos, entre el presidente Donald Trump y la cúpula de la OTAN, representada por el secretario general, Mark Rutte, no debe leerse como una mera excentricidad diplomática ni como una transacción inmobiliaria a escala global. Lo que se ha formalizado bajo el eufemismo de “acuerdo marco” para la seguridad ártica constituye un punto de quiebre en el Derecho Internacional formalmente vigente y una advertencia existencial que resuena con fuerza alarmante en nuestro archipiélago canario. La realidad es que Dinamarca, bajo la coerción de una guerra comercial y la amenaza de aranceles punitivos, ha capitulado. La soberanía de Groenlandia ha sido fragmentada para dar paso a lo que en la jerga de las negociaciones se ha denominado “bolsillos de soberanía estadounidense”; un modelo que replica el estatus colonial de las bases británicas en Chipre. Es imperativo subrayar que no estaríamos ante un arriendo o una cesión temporal de uso, sino ante una transferencia de dominio y título real, donde la potencia ocupante ostenta la titularidad plena y perpetua sobre el suelo, asumiendo una jurisdicción que anula de facto la autoridad del Estado cedente.
Este movimiento desvela la verdadera naturaleza de las relaciones atlánticas en este 2026: la soberanía formal de los estados menores es papel mojado ante las necesidades estratégicas del hegemón. Mientras en Copenhague y Nuuk se mantendrá la ficción administrativa y la bandera danesa seguirá ondeando, el control efectivo, militar y estratégico del territorio —especialmente para el despliegue del escudo antimisiles Domo Dorado— pasa a manos exclusivas del Pentágono. Se ha consumado una ocupación de........
