Cuando a la Ciudad Patrimonio la llamábamos, simplemente, nuestro barrio

Todo lugar tiene su historia. Cada historia, un narrador. En La Laguna, desde que el centro fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1999, la voz de vecinos y vecinas se ha ido dejando de escuchar, no obstante, en el relato de esa ciudad que un día fue un hogar. Poco a poco, otros intereses y motivaciones fueron prescribiendo el porvenir de un entorno que entendían con mucho potencial, hasta ahora. El futuro ya es hoy. Y, hoy, hablar de La Laguna se ha convertido en mantener una conversación sobre el pasado.

Desde las instituciones, hacia afuera del municipio y del archipiélago, se sigue narrando la crónica de la que fue la primera capital de Tenerife, amurallada por montañas, y cuyo plano urbanístico sirvió de modelo para construir las primeras ciudades en la América de Colón. Pero, hacia adentro, esa creciente promoción turística fue introduciendo, también en el imaginario de la gente local, nuevas palabras, nuevas prácticas y hasta nuevos comportamientos que contribuyeron a modificar el núcleo urbano. 

Antes, para referirnos a lo que hoy se repite constantemente como Casco Histórico -en anuncios, en carteles por la autopista y hasta en las conversaciones por la calle-, en mi casa de San Honorato solamente lo llamábamos “subir la subidita”. Aun admirando la importancia histórica del lugar donde vivíamos, hacíamos justo eso: vivirlo. Y, como todo canario de barrio, nos inventábamos palabras y expresiones redundantes. Así, desde Las Mercedes, “Casco Histórico” era “bajar pabajo” y, desde La Verdellada, “subir parriba”.

La Subidita es esa parte en pendiente de la calle Nuñez de la Peña, antes de llegar a la Herradores. Allí mi madre iba, de joven, a comprar el pescado;........

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