Rompiendo mitos o execración hasta dejarnos «Tan faltos de aire»
“El sujeto ideal para un gobierno totalitario no es el nazi convencido ni el comunista convencido, sino el individuo para quien la distinción entre hechos y ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, los estándares del pensamiento) han dejado de existir”. Hannah Arendt.(1)
“Una mente colonizada luchará más por proteger la imagen del amo que por recuperar su propia dignidad”. (paráfrasis) Frantz Fanon.(2)
Lo que para unos Bolivia y su pueblo son “un amor desesperado por la libertad” (Simón Bolivar) (3), o “sentirse subyugado por la porfía libertaria de su pueblo” (Juan Rulfo); para otros sólo constituye un país conflictivo, revoltoso, hostil y respondón.
1. CONTEXTO DE UN LIBRO CON MUCHOS AUGURIOS.
Resulta imposible negar que el mundo, y especialmente Bolivia, hemos entrado en una oscura etapa de transición que augura profundos cambios, pero que extrañamente aún no sabemos el curso final que tomará.
Se trata de un tránsito que está signado por una impronta e inocultable tufo regresivo y reaccionario empeñado en restaurar un liberalismo (pero esta vez con rasgos radicales, totalitarios, racistas y patriarcales), que ha convertido a las noticias falsas, a la mentira y a la invención de narrativas, en hechos corrientes, normalizados y frecuentes. Tal es la manipulación dolosa de información, datos y hechos, que estos han sido convertidos en una especie de arma para imponer falsos positivos como si fuesen verdad, y hasta se ha logrado manipular mentes y electores por medio de algoritmos, que corrompen y desvirtúan totalmente la democracia, hasta el punto de “elegir” y cambiar gobiernos y presidentes.
Junto a esta ola regresiva y reaccionaria, se suma el agotamiento e implosión de un largo periodo de progresismo populista de rasgos autocráticos (de esa seudo izquierda impostora conocida como “socialismo del S. XXI”) que, habiendo impuesto el modelo salvajemente extractivista vigente, también ha degenerado, desperdiciado la oportunidad y hecho escarnio de la democracia, las constituciones y las propios derechos y libertades elementales que se violaron sistemáticamente; para terminar originando y dando paso (junto a un enorme desprecio y rechazo a todo aquello que huela a “izquierda” y marxismo), precisamente a la actual fase de reacción pendular de signo liberal, que pretende restaurarse y hacerse ver como la “única alternativa de salvación” a la grave crisis multisectorial heredada.
Es decir, que paradojalmente al escenario de un oscuro estado liberal y reaccionario que se anuncia y busca reinstalarse; también surge una inigualable oportunidad y desafío para el esclarecimiento histórico, la búsqueda de la verdad y la destrucción de mitos y falsedades donde, tanto el libro como los autores Rafael Archondo y Gonzalo Mendieta, tienen mucho que decir.
Es aquí donde entra muy auspiciosamente su libro titulado Tan faltos de aire, en un escenario donde precisamente por la oscuridad reinante, bien puede ofrecer condiciones para que, a tiempo de esclarecer la historia y la verdad, también se planteen visiones, enfoques y aportes diferentes y novedosos. Esa constituye la mayor esperanza y expectativa que había despertado el libro que ahora paso a comentar.
2. GEOGRAFÍA, DISTANCIA Y ALTURA COMO FACTORES EXPLICATIVOS (CONDICIONANTES AUNQUE NO DETERMINANTES) DE LAS RELACIONES ENTRE BOLIVIA Y EE.UU.
Como se puede apreciar, el título de la “historia de las relaciones de Bolivia y los Estados Unidos (1848-2008)”, no es un hecho casual. “Tan faltos de aire” es una clara referencia del peso y preponderancia que quiere dárseles a tales factores (geografía, distancia y altura).
Tal es la importancia otorgada, que inclusive a la prologuista del libro, Amy Chua, la lleva a suponer que “sería un motivo para que los embajadores enviados buscaran escapar”.
Por otra parte, también se sostiene que tales factores constituirían la “condición estructural” por la que EE.UU. “mantuvo a Bolivia en la periferia de su pensamiento estratégico”.
Adicionalmente es muy importante destacar una sentencia que los propios autores consideran como una de las tesis centrales del libro. Me refiero a: “Bolivia no fue casi nada para los Estados Unidos, pero Estados Unidos fue casi todo para Bolivia”.
A pesar de que en el contenido del libro hay una inocultable contradicción acerca de si Bolivia fue o no “casi nada para los EE.UU.”(4); lo evidente y claro (tal como se verá a continuación), es que Bolivia nunca pasó desapercibida, menos estuvo “en la periferia de su pensamiento estratégico”, así como tampoco EE.UU. “fue casi todo para Bolivia”, si se toma en cuenta las diversas acciones antiimperialistas emprendidas (como las nacionalizaciones por ejemplo), o finalmente por la ruptura de relaciones que se produjo hace varios años. Quién depende “en casi todo”, es muy improbable que actúe sólo por “capricho” o inveterada rebeldía.
Por otra parte, más allá de la improbable comprobación de si los embajadores efectivamente buscaban escapar, así como del sólo énfasis (pero grave contundencia) que tienen aseveraciones como esa para explicar las relaciones de ambos países; lo que no parece advertirse es que los propios hechos de la historia que en el libro se relatan, no parecen dar cuenta que Bolivia no estuvo precisamente al margen o “en la periferia del pensamiento estratégico“ norteamericano. Tal constatación es verificable, salvo claro que la importancia trascendental de la adquisición, establecimiento y disposición de reservas estratégicos de estaño (antes, durante y después) de la segunda guerra mundial; o la Alianza para el Progreso como modelo y estrategia alternativa al comunismo en plena guerra fría y frente los estallidos nacionalistas de Latinoamérica; o el constituir a Bolivia como el principal receptor de la “ayuda económica y militar” en el continente durante medio siglo (sólo como ejemplos), hubiesen sido hechos meramente circunstanciales, o políticas internacionales de importancia secundaria.
Tampoco es un dato menor (ni mucho menos), el hecho de que EE.UU. haya decidido mandar embajadores de gran recorrido y experiencia (como es el caso -solo por mencionar algunos- de R. Gelbard o D. Greenlee que tuvieron que encargarse de asuntos de gran calado), si se hubiese tratado de un país “en la periferia del pensamiento estratégico”.
3. EL PASO “DE LA NOCIÓN VULGAR Y ERRÓNEA DE ‘COLONIA YAQUI’”, A LAS RELACIONES ASIMÉTRICAS DE UN ESTADO CLIENTE Y SUBSIDIADO PRIMERO, PARA TERMINAR COMO ESTADO SOLDADO DE UNA GUERRA SUBROGADA, DESPUÉS.
Bajo este subtítulo, en este acápite se aborda uno de los temas centrales de todo el libro: el debate de un antiimperialismo sin sustento y una colonia inexistente.
Con tales postulados se busca refutar “la hipótesis excedida de que Bolivia sucumbió bajo un macabro yugo estadounidense” (textual); así como que “no hubo saqueo de recursos naturales” (5). Es más, que el supuesto carácter disuasivo que entrañaría la doctrina Monroe (“américa para los americanos” de 1823), era entendida por EUA como su propósito para que otras potencias europeas se disuadan y convenzan de no establecer dependencias coloniales en esta región. Inclusive se sostiene que, en el afán de cooperar al desarrollo, EE.UU. tuvo que plegarse a los esfuerzos de una revolución sui generis de corte tercermundista para finalmente, frente a tanto berrinche, ellos terminaran yéndose “con más placer que resignación”.
Como se puede advertir, los autores no se andan con ningún remilgo y sus argumentos son inclusive muy crudos. Sin embargo y precisamente porque se trata de un asunto medular para el entendimiento de la historia que buscan resignificar; parece conveniente compartir las siguientes observaciones.
a) Para negar y sustituir (o en otras palabras derrumbar el supuesto mito) de que Bolivia nunca habría sido una “colonia yanqui” (que los autores califican como una “noción vulgar y errónea”); ellos proponen que tal situación se asuma como unas relaciones asimétricas de un Estado cliente y subsidiado primero, que luego........
