Ecuaciones de la memoria
Javier Claure Covarrubias es un poeta boliviano-sueco. En sus manos, las matemáticas dejan de ser frías para volverse una metáfora de la existencia humana. Por eso ha logrado tender un puente de palabras entre lo abstracto y la pulsión vital del ser humano. Su voz poética, despojada de vanidad, interroga el sentido de un mundo esquizofrénico sin caer en el fatalismo, porque en sus versos siempre late la convicción de la existencia de una luz en el túnel.
Su poesía es un acto de profunda introspección donde lo íntimo y lo universal se funden en un solo lenguaje. Claure no escribe por escribir, sino más bien invita al lector a cruzar hacia los territorios de la memoria, de la pérdida, de la identidad, de la inmigración, de la injusticia, del amor, de la muerte, de la noche etc.
Los versos que ofrecemos a continuación son una muestra de un puñado de sus poemas. En ellos nos ofrece un espejo donde la vida se refleja con todas sus dimensiones.
Cartas de Beatriz
El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos. Arthur Schopenhauer.
He leído tus cartas en un día nublado de octubre y has vuelto como una antorcha olímpica caída a mi tejado con el fin de anudar tu signo del zodiaco con el mío de ser la compañera de mis andanzas y en las horas de quemantes aguas destiladas mil veces tu presencia se adentró en los reinos del silencio la luna lloraba, por defecto, sin consuelo el sol marchitado contra el desierto infinito y en las hojas del calendario jamás cayó el fruto maduro te faltaba casi nada para ser cometa de años luz y bajo el cielo gris he guardado celosamente tu dolor en la lluvia y tú has acumulado mi dolor gota a gota milímetro a milímetro en tu corazón partido por los años y los puntos cardinales mutilados.
Me hablas de tus aflicciones de tus miedos de tus conflictos internos de una eterna melancolía y de sueños inconclusos aseguras que has cargado una cruz pesada que el arrepentimiento es tu desayuno y que eres la destructora de tu propia felicidad dominar el vía crucis ha sido tu secreto cotidiano y en la inmensa anchura entre tú y yo san Valentín nunca colgó un lucero en nuestras pesadumbres en nuestros caprichos en nuestros desaciertos y en nuestra inmadurez.
Si tú me escribes así será porque los besos más tiernos temblaron en nuestros labios la sazón de tu cuerpo desnudo a media luz la noche perdida entre tu ombligo y el mío tú misma eras un destello en las cuencas de mis ojos tú........
