La flor más autóctona de la Revolución

Personalidad extraordinaria que simboliza todas las virtudes de la mujer cubana. Organizadora brillante, trabajadora incansable y repleta de amor por su pueblo, hablar de Celia Sánchez es recorrer la trayectoria de una mujer que consagró su vida a la Revolución y a Fidel.

Por Ernesto Fernández Domínguez

Celia Sánchez Manduley a partir de 1962 fungió como Secretaria de la Presidencia del Consejo de Ministros: una labor que requiere de la mayor confianza y discreción, y ella sobrepasaba con creces los requerimientos del cargo que se había ganado sobre la base de su trabajo aun antes de conocer al máximo líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz.

Desde 1941 funcionaba en la Universidad de La Habana el Seminario Martiano dirigido por el patriota Gonzalo de Quesada y Miranda. Como un desprendimiento de esa organización se creó la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano. Cercana la fecha del centenario del natalicio de José Martí, esta Asociación decide situar un busto del Apóstol en la cima del Pico Turquino.

El delegado del Instituto de Arqueología en la antigua provincia de Oriente era Manuel Sánchez Silveira, padre de Celia y devoto martiano, quien se entusiasmó con el proyecto, y la hija, por supuesto, también.

En los primeros días de mayo de 1953, la joven, junto con vecinos del poblado de Ocujal, aledaño a la Sierra Maestra, subieron con grandes esfuerzos al Pico Turquino el busto del Maestro, tallado en bronce y con un peso de163 libras.

El 19 de ese mes, aniversario de la caída del Apóstol en Dos Ríos, Celia y otros organizadores del homenaje hicieron guardia de honor en el Mausoleo de José Martí, en el cementerio de Santa Ifigenia.

Ella pertenecía a la corriente ortodoxa liderada por Eduardo Chibás, a quien conoció de cerca y admiraba. A la muerte de Chibás el 5 de agosto de 1951, marchó junto a la multitud que acompañaba al féretro.

Eliezer Fernández González, integrante clandestino del Movimiento 26 de........

© Bohemia