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Rafaela Chacón Nardi: dos pasiones

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24.02.2026

Rafaela Chacón Nardi: dos pasiones

Autor(es): Tania Chappi

Diálogo imaginario, pero sustancioso, en ocasión de un centenario

Quienes conocieron personalmente a esta pedagoga, poeta, ensayista, promotora cultural, la describen como una mujer dinámica, enérgica, locuaz, optimista, modesta. Yo nunca conversé con ella. ¿Cómo corporeizarla a partir de lo expresado por otros? Frente a mí tengo revistas, fotografías, palabras conservadas en letra de imprenta. Sobre tal bagaje, sustentaré mi cuestionario.

–Escuché que empezó a escribir poemas antes de los 10 años.

–Sí, desde los siete. Durante la adolescencia le dediqué tanto tiempo a esa actividad que llegó a afectar, en cierta medida, mis estudios en la Escuela Normal de La Habana. La periodista Azucena Plasencia lo publicó en BOHEMIA. También se lo conté a Mercedes Santos Moray; me entrevistó allá por… 1986.

–Y usted añadió que la primera de sus obras se imprimió gracias a un homenaje organizado en 1948 por Mirta Aguirre y Nicolás Guillén en la Asociación de Repórters de La Habana. Con lo recaudado pudieron pagar la tirada, apenas 500 ejemplares, de Viaje al sueño.

–¿Viste las entrevistas?Entonces sabrás que hubo, en 1957, una reedición ampliada y costeada por mis alumnos. Después aparecieron Del silencio y las voces (1978) y Corcel del aire (1983).

–Llama la atención, no solo a mí, el dilatado intervalo entre los volúmenes iniciales.

–Le repito lo dicho a sus colegas: Siempre he sentido pánico al sacar a la luz un poemario. Respeto mucho la poesía.

–Igualmente les manifestó su admiración por la creación poética de disímiles escritores hispanoamericanos.

–José Martí, Rafael Albertí, Miguel Hernández, Eugenio Florit, León Felipe, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Federico García Lorca, César Vallejo. No olvides nombrar a la propia Mirta Aguirre, a Guillén y Félix Pita Rodríguez.

–Debió sentirse muy halagada por el encomio que la Mistral hiciera de su primer libro.

–Me sorprendió gratamente; sin embargo, me atormentó. Se lo confesé a Azucena, más o menos así: algunas publicaciones reprodujeron la elogiosa carta. Luego de eso, se afiló en extremo mi autocrítica y cuanto escribí durante cierto tiempo estuvo condenado al exterminio.

–Acerca de los asuntos abordados en sus poemas dialogó con otro entrevistador, Waldo González López, en 1991.

–Mencioné el amor, la muerte, la vida. Y que en esta última se entrelazan el sosiego y la lucha, el fracaso y el triunfo, lo angélico y lo demoniaco, la tristeza y el júbilo.

–Voy a reproducir una de las respuestas dadas en aquella ocasión: El lirismo “es a la poesía lo que la luz a los vitrales”. Pero a usted no le preocupaba crear, a la par, textos con intención didáctica.

–Seguro te refieres, por ejemplo, a Carrusel. Para no forzar la memoria –han pasado tres décadas–, mejor te leo un fragmento del diálogo con Waldo. Según le especifiqué, es “una colección de poemas-adivinanzas complementados con ilustraciones en relieve, concebida para niños ciegos, opción recreativa aplicada con carácter experimental en la Biblioteca de la Casa de Cultura de la ANCI, como parte del programa de los Clubes Pinos Nuevos que para la Unesco desarrollo bajo sus auspicios”.

–Por esa entrevista descubrí que le hicieron un regalo valioso al cumplir 65 años de vida.

–El eminente filólogo brasileño Aurelio Buarque de Holanda Ferreira me incluyó en la antología bilingüe Grandes voces líricas hispanoamericanas. Mis versos acompañaron los de Martí, Sor Juana, Gabriela, Alfonsina Storni, Rubén Darío, Alfonso Reyes, José Asunción Silva, Vicente Huidobro, Guillén, Ballagas, Florit, Regino Pedroso, María Villar Buceta, Cintio Vitier. Para mí, fue un hecho trascendente.

–En múltiples trabajos periodísticos y páginas web se resalta su labor profesoral.

–Es un tema ineludible. Mira, hablé al respecto en un artículo que hice para la revista Revolución y Cultura. El triunfo de 1959 implicó… Aquí está el párrafo, te lo muestro: “la entrega total de mi tiempo y mis pensamientos a la obra gigantesca que, a partir de entonces, se inició en un campo de actividad que siempre me ha apasionado: la educación”. Aunque he asumido diversas responsabilidades, el arte, como aspecto insoslayable en la formación de niños y jóvenes, ha sido mi caballo de batalla. He podido experimentar en esa esfera, preparar textos escolares, seminarios, cursos televisados, investigaciones.

–¿Recuerda en especial alguna de las indagaciones?

–Entre 1971 y 1981, con el auspicio de la Comisión Nacional Cubana de la Unesco, realicé un estudio sobre la expresión plástica de los niños de nuestro país. Reuní unos 15 000 trabajos. Varios de ellos los incluí en el libro Imágenes infantiles de Cuba Revolucionaria.

–Usted ha afirmado que lo más interesante de su quehacer educativo consiste en llevar el arte a infantes con limitaciones físicas.

–A esos pequeños el dibujo, el modelado, la pintura, los ayudan a superar tensiones, nostalgias, estados depresivos. Lo constaté en 1972 al trabajar con ingresados en la sala infantil del hospital Julio Díaz. Transcurridos unos años, dirigí el Proyecto Piloto de Educación Artística para pacientes del Frank País. En esa tarea colaboraron expertos en artes plásticas, teatro, música, bibliotecarios y psicólogos.

–El respeto hacia su desempeño pedagógico es unánime e incuestionable. Ahora bien, ¿pudo haber sido más popular o reconocida en el ámbito literario cubano?

–Quién sabe. Yo he escrito tal y como he sentido la necesidad de hacerlo, sin preocuparme por las modas, lo de mayor aceptación o “la onda”, que tantas puertas suele abrir y tanto éxito y aprobación puede generar.

Fuentes utilizadas: Las entrevistas –concedidas a BOHEMIA– La poesía está en la vida, por Mercedes Santos Moray; Nuestra Rafaela, por Azucena Plasencia; Viaje a Rafaela de Cuba, por Waldo González López. Los artículos Lirio en enero nacido y Una forma más de hacer poesía publicados, respectivamente, en el citado semanario y en Revolución y Cultura.

Rafaela Chacón Nardi nació en La Habana el 24 de febrero de 1926 y falleció el 11 de marzo de 2001. Se graduó de licenciada en Pedagogía. Ejerció la docencia en distintos centros, desde los de enseñanza primaria hasta la Escuela Normal para Maestros y las universidades de La Habana y Las Villas. De 1956 a 1961 representó a Cuba en la Unesco. Participó en la elaboración de la cartilla utilizada durante la Campaña de Alfabetización realizada en la Isla a principio de los años 60; además, concibió publicaciones y programas para el nivel secundario. Fue asesora de Educación Artística.

Dirigió el colectivo infantil Meñique, de la Unión de Pioneros de Cuba, a cuyos integrantes impartía nociones de dibujo y pintura. Fundó el Grupo de Expresión Creadora. Al frente de los Clubes Unesco Pinos Nuevos divulgó entre infantes videntes e invidentes la vida y la obra del Héroe Nacional de Cuba.

Textos suyos se publicaron en disímiles medios de comunicación, por ejemplo: las revistas Acento, Artes Plásticas, Germinal, Liberación Social, Lyceum, Magazine Social, Orientación Social, Trimestre; el Boletín [de la] Comisión Nacional Cubana de la Unesco, el Mensuario de arte, literatura, historia y crítica; el cuaderno literario Presencia.

Concibió alrededor de 30 libros, entre poesía y prosa, incluidos Viaje al sueño (1948), La Alfabetización en México (1951), Viaje al sueño: 36 nuevos poemas y una carta de Gabriela Mistral (1957), Los museos y la educación (1957), Homenaje a Conrado y Manuel: poema (1962), Expresión plástica infantil (1973), Del silencio y las voces (1978), Diario de una rosa (1979, dedicado a Camilo Cienfuegos), Coral del aire (1982), Imágenes infantiles de Cuba Revolucionaria: Testimonio gráfico 1970-1975 (1983). Martí: momentos importantes (1984), Una mujer desde su isla canta (1994), Mínimo paraíso (1997, recopilación de décimas), Con los niños por La Habana Vieja (1998). Sus poemas han sido traducidos a diversos idiomas.

Cuba, maestros, Rafaela Chacón Nardi

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