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Por amor al libro

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04.03.2026

Autor(es): Tania Chappi

 Promover la literatura es un empeño en el cual perseveran numerosos bibliotecarios en Cuba, pese a ingentes limitaciones

El espacio audiovisual multiplataforma A Contracorriente, que transmite el Portal de la Radio Cubana, dedicó uno de sus ciclos a la lectura, entre otros temas. Junto a la periodista Isabel Díaz, dos expertos disertaron al respecto: Omar González Jiménez, docente e investigador, y Omar Valiño, crítico teatral, ensayista, director de la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM).

“Vivimos en un momento complejo, debido a la falta de papel, los problemas económicos, el cambio de modalidad hacia lo digital, en cuanto a la producción y a la circulación del libro”, reflexionó González.

Inmerso en ese contexto, el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas sostiene dos líneas cardinales de trabajo: su quehacer en función de los lectores en general y las acciones dirigidas especialmente a los niños y adolescentes, puntualizó Valiño. Además de la BNJM, dicho sistema comprende cerca de 400 instituciones, de carácter provincial o municipal. A pesar de las dificultades, se mantienen activas, e incluso las que ahora se encuentran cerradas (unas pocas) por deterioro de los inmuebles, continúan brindando servicios fuera de sus sedes.

“He estado en múltiples localidades del país y he visto la labor que con suma humildad hacen las bibliotecarias –uso el género femenino porque son la inmensa mayoría del personal de las bibliotecas– en sus sucursales y en pobladitos, caseríos”, prosiguió este entrevistado. Hasta aquellos lugares llevan novedades editoriales, libros clásicos y “utilizan las más diversas modalidades para promoverlos: el teatro, los títeres, los intercambios pedagógicos (preguntas, pequeños concursos semanales), la narración oral”.

Esos profesionales luchan “por preservar el hábito de la lectura, pues sabemos que ha habido un retroceso”, intervino Omar González.

“Es un trabajo maravilloso, me alegra comentarlo con cierta amplitud, porque no tiene la visibilidad de otras actividades culturales”. Se asienta en la disposición de quienes se trasladan, a menudo por sus propios medios, a los barrios o consejos populares. “Muchos de esos espacios son sistemáticos y toman en cuenta el tejido social del sitio donde se desarrollan. Hay iniciativas de todo tipo, algunas instituciones participan con determinado apoyo”, recalcó el segundo invitado. Así, las acciones promocionales llegan también a las casas de abuelos y los hogares para niños sin amparo parental. Al mismo tiempo, “las bibliotecas provinciales propician encuentros técnicos, científicos, metodológicos”, en los que los profesionales exponen sus experiencias.

Omar Valiño rememoró cómo, a inicios de la Revolución, Fidel designó a María Teresa Freyre de Andrade directora de la Biblioteca Nacional José Martí y ella transformó su funcionamiento. No solo “amparó y potenció las misiones típicas” de una entidad de ese cariz, a la par creó alternativas mediante las cuales sus salones pudieran llenarse “de campesinos, de obreros, de pueblo”. En consecuencia, en el edificio conviven las áreas donde se resguarda el patrimonio bibliográfico cubano y las destinadas a la difusión de ese tesoro y a la lectura.

Un paso significativo ha sido “la recuperación de la sala infantil y juvenil Eliseo Diego”. María Teresa Freyre y ese gran poeta y promotor cultural la fundaron en 1959. Luego de permanecer cerrada durante un período, “la hemos reabierto y desarrolla un trabajo que es nuestro primer enlace con la sociedad”. Sus especialistas cumplen con tal cometido dentro del inmueble y en los barrios, sobre todo en las escuelas primarias.

En cuanto a los valiosos materiales cobijados en la BNJM, la mayoría de “los más importantes los tenemos en la colección cubana, que abarca los siglos de la colonia, fundamentalmente el XIX. Se conservan con mucha delicadeza y atención. Una parte ha sido digitalizada”. Algunos han logrado ser inscritos en el Registro del Programa Memoria del Mundo, creado por la Unesco.

Por ejemplo, la Tarifa general de precios de medicinas, el primer documento impreso en Cuba del cual se tiene constancia física. “Ya ha cumplido 300 años, es pequeño, pero muy querido”. Asimismo, el Fondo Julián del Casal se incluyó en la categoría de Memoria Regional y el Fondo Dulce María Loynaz en la de Memoria Nacional.

Mientras las Ediciones Bachiller, de la BNJM, se encargan de reproducir y dar a conocer los textos con valor patrimonial, esa institución se enfrenta a un gran reto. Según palabras de Omar Valiño, “todo debemos cuidarlo y preservarlo en su máxima expresión. Eso conlleva la seguridad y el cuidado medioambiental para evitar el deterioro de los impresos. Nos enorgullece tenerlos en la Biblioteca Nacional, que es parte de la memoria misma de la patria, no hay otra manera de decirlo, aunque parezca una frase grandilocuente”.

Cuba, Cultura, Literatura

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