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Juegos para adultos

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16.03.2026

Autor(es): Tania Chappi

 Una forma de relajarse en medio de los apagones

Cuando llega ese momento desesperante, en el cual, luego de horas sin corriente eléctrica, los celulares caen en un sueño profundo, a las lámparas recargables les queda un suspiro y la mayoría de los cubanos sueña con un ecoflow o una plantica de petróleo, se ponen a prueba los nervios, la resistencia, la resiliencia. Los minutos se eternizan, el calor impide dormir, la presión sube o el biorritmo se deprime. Entonces, mirar hacia el pasado constituye una tabla salvadora.

Juegos para adultos han existido desde hace milenios: los que pícaramente quizás estén imaginando y otros menos populares hoy. Numerosos testimonios e historias de ficción detallan esas prácticas.

Del afán de pasar bien el tiempo no se salvan a veces ni las ocasiones solemnes. Hacia 1840, María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, condesa de Merlín, viajó a Cuba después de residir largos años en Europa. Una de las anécdotas recogidas en el volumen Viaje a La Habana, rememora un velorio donde observó “el espectáculo menos análogo a la tristeza y al silencio de las ceremonias mortuorias. Cerca de 40 personas de ambos sexos formaban allí grupos animados; los más jóvenes jugaban [a las] prendas”.

Especialmente en las regiones de clima frío, los seres humanos han buscado cómo distraerse puertas adentro de sus viviendas. En Jane Eyre, la novela de Charlotte Brontë (sobre las tribulaciones de una institutriz y su amor por un aristócrata en la Inglaterra decimonónica), el señor Rochester recibe, en plan de visita con todo incluido, a sus acaudalados vecinos. Al respecto, la heroína comenta: “Aquellos días en Thornfield fueron diferentes a los de los tres meses anteriores, y los pasamos muy alegres. Cuando llovía se inventaban variados entretenimientos, y entre ellos me llamaron la atención las charadas representadas que por primera vez veía”. Jane alude a acertijos, los participantes tratan de adivinar una palabra o idea a partir de indicaciones (movimientos corporales, sonidos) relacionadas con su significado.

Hasta avanzado el siglo XIX, hombres y mujeres iluminaban sus ratos de ocio nocturno mediante hachones, lámparas de aceite o velas. Un pasatiempo común era jugar a las cartas en el hogar. Orgullo y prejuicio, de Jane Austen, muestra a la burguesía y a la alta sociedad británicas como aficionadas al whist, el cuatrillo, el casino, la lotería. Mientras las barajas cambiaban de manos, luego del té o la cena, prosperaban alianzas señoriales.

De similar manera, los franceses han simpatizado con los naipes. Lo refrendan estos pasajes: 

“Pasaron cinco años sin que acontecimiento alguno alterase la monótona existencia de Eugenia y de su padre […] Su sola compañía eran los tres Cruchot y algunos de sus amigos que habían logrado introducir insensiblemente en casa de los Grandet. Le habían enseñado a jugar al whist y cada noche comparecían a hacer la consabida partida” (Eugenia Grandet, de Honoré de Balzac).

“Y pensar que por culpa de Olga Jalibert –que tenía un cuerpo macizo y sabroso como una ciruela y se enfrentaba al amor, como a la vida, con insolente ardor–, François se había visto obligado a estrechar cien veces la mano del médico, ¡a comer en su mesa y a jugar al bridge con él!” (La verdad sobre mi mujer, un policíaco de Georges Simenon).

Otra obra en torno a un crimen, ideada por la gran maestra de ese género literario, Agatha Christie, menciona un entretenimiento de origen asiático. “Aquella noche nos reunimos en casa para jugar al Mah-Jong. Estas diversiones eran muy populares en King’s Abbot. Los invitados llegaron con chanclos e impermeables después de cenar. Les ofrecimos café y, más tarde, pasteles, emparedados y té […] Durante esas reuniones se charlaba por los codos hasta el punto de interferir seriamente en el juego. Acostumbrábamos a jugar al bridge, pero jugar al bridge y conversar al mismo tiempo es horrible. El Mah-Jong es mucho más apacible” (El asesinato de Roger Ackroyd).

Tal pasatiempo utiliza fichas y en dicho aspecto es parecido al dominó, presente este último en narraciones de autores cubanos –entre ellas Pasado perfecto, de Leonardo Padura– y popular desde antaño también en otros países.

Emile Zola describe en Teresa Raquin una tertulia en la morada de unos modestos comerciantes parisinos: “Quedaron así establecidas las recepciones de los jueves […] A las siete, la señora Raquin encendía el fuego, colocaba la lámpara en el centro de la mesa, ponía junto a ella un juego de dominó, pasaba un paño al juego de té que estaba en el aparador. A las ocho en punto, Michaud padre y Grivet coincidían delante de la tienda […] Entraban y toda la familia subía al primer piso. Se sentaban en torno a la mesa y esperaban a Olivier Michaud y su mujer […] Cuando ya estaban todos, la señora Raquin servía el té, Camille volcaba la caja de fichas de dominó encima del hule y se ensimismaban en el juego”.

Hoy perviven, asimismo, los dados, el monopolio, las damas chinas y las occidentales. Diversos sitios web instan a los jóvenes a animar sus fiestas con entretenimientos clásicos: adivinanzas, el veo-veo, rimar palabras, identificar películas, imaginar historias encadenadas…

Ningún momento mejor para crear sombras chinescas que un apagón. Solo necesitan una vela o una linterna, una pared de fondo claro y las manos. Poniendo los dedos en distintas posiciones se logran múltiples figuras.

Los poseedores de al menos un portalito o patiecito, podrían recrearse manipulando balones. Según refiere José Antonio Echeverría, en su noveleta Antonelli, ambientada en la capital cubana, es placentero. Cierta vez, a la puesta del sol, el protagonista “salió a caminar por la villa para ver si el bullicio y la frescura de la tarde daban algún ensanche a su ánimo atribulado”. Llegó al barrio de Campeche, donde “estaban reunidos en un claro o plazuela […] muchos de los campechanos y campechanas […] todos embelesados con media docena de jugadores de pelota, que con gentil compás de pies y manos las recibían en todas las partes de sus cuerpos y la rechazaban con ímpetu a sus adversarios”.

Opciones adicionales brindan las tradiciones de raíz campesina: ensartar argollas, por ejemplo. ¿Ya oscureció? Pues eso lo vuelve retador y emocionante. Lo de subir por un poste para intentar coger el pañuelo colocado en la punta no lo aconsejo, pues requiere habilidades extras.

Determinados pasatiempos ofrecen gradaciones que van desde la inocencia absoluta hasta acercarse a zonas de peligro. Así ocurre con el de las prendas, del cual conocemos dos variantes: la inofensiva (dar un objeto si no se logra responder una pregunta o realizar una acción) y la excitante versión no apta para menores (irse quitando piezas de ropa). Asimismo, el de la botella, muy apreciado por los jóvenes, varía en dependencia de los actos asignados a quienes apuntan, tras girar, el cuello y fondo del recipiente.

Si se aburren de tales esparcimientos, tienen el recurso de entregarse a los llamados con doble sentido juegos de adultos, todavía más antiguos. Cuidado: arriesgarse al intercambio de parejas es poco recomendable; amén de dañar amistades, si pescan una enfermedad de transmisión sexual, les costará un ojo de la cara adquirir en el mercado negro los medicamentos.

Algunos expertos en bioelectricidad afirman que durante el toma y daca sexual el cuerpo humano genera considerable energía. Ojalá alguien inventara cómo aprovecharla para iluminar, en sentido literal, además del figurado, las noches de apagón.

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