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Europa injertada en el trópico

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17.09.2026

Europa injertada en el trópico

Autor(es): Tania Chappi

Relevancia histórica y cultural, vanidad, desafueros, convergen en torno a edificios icónicos de Belém y Manaos

La noticia circuló a finales del pasado julio: dos teatros, construidos en la Amazonía brasileña, fueron inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Agencias de noticias, periódicos, revistas, emisoras radiales, la TV, las redes sociales, difundieron la decisión de esa entidad y detallaron los valores de las edificaciones.

Se trata de magníficas obras erigidas en el siglo XIX, con el propósito de ofrecer espectáculos de ópera. Primero surgió el Theatro da Paz (1878), en la ciudad de Belém, o Belém do Pará, por estar junto al afluente de igual nombre. Casi 20 años después, en diciembre de 1896, abrió sus puertas en la urbe de Manaos el Teatro Amazonas. Ambos edificios sobresalen por su importancia histórica (constituyen evidencia de la prosperidad económica de la región en esa época, sustentada en la extracción y exportación del caucho) y cultural, pues -además de ser significativos exponentes de las corrientes arquitectónicas internacionales- acogieron a compañías operísticas y a representantes de otras vertientes artísticas, por ejemplo, el conjunto de ballet de Anna Pavlova.

¿Cómo nacieron esos símbolos de boato y poder, si las urbes que les dieron vida se encuentran muy distantes de los principales centros poblacionales del país? Rodeadas por la selva, carecían de autopistas, carreteras y transporte aéreo. En el entorno abundaba la buena madera, pero, ¿lo demás?

Llegaría por mar y por vía fluvial; ya había ocurrido así con materiales constructivos y objetos decorativos utilizados en los palacetes y establecimientos públicos de aquellas urbanizaciones, donde los ricos miraban hacia Europa en busca de progreso y confort.

Cercana a la costa, Belém contaba con accesos más expeditos. Quizás por eso pudo ser la primera en intentar transformarse en un lugar culturalmente civilizado, según las pautas del Viejo Continente.

No obstante, al encargar la construcción del Theatro da Paz, los promotores hicieron algunas concesiones debido a las circunstancias de un medio y un clima bien diferentes a los de Londres, Roma o París. Emplearon maderas locales, aceptaron las butacas de rejilla; el fresco pintado en el techo del gran salón mostraría a divinidades griegas en medio de la selva y en compañía de un jaguar.

Sobre los avatares del inmueble desde la aparición de los albañiles, en 1869, hasta la reforma que lo engrandeciera a principios del siglo XX, aporta abundantes datos la periodista e historiadora Roseane Silveira de Souza, en su artículo Teatro de la Paz: historias invisibles…

No solo es........

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