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Desde el detalle, el dolor y la esperanza

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06.04.2026

Desde el detalle, el dolor y la esperanza

Autor(es): Tania Chappi

Conmovedoras historias de ficción y a la vez testimoniales, pues recrean vivencias cotidianas

Canario, ¿Saldré algún día?, Sobre una gota de lluvia, Érase una vez un amanecer, Salvada, Desde abajo, Solo quince minutos, La casa, Mi hogaza de pan, Un deseo de insomnio; todos esos relatos, y otros hasta alcanzar la cifra de 23, pertenecen al libro Gaza responde, publicado originalmente en inglés en 2013 (Gaza Writes Back) y con una reedición en ese mismo idioma en 2024.

Antes de hablar sobre el volumen, Migdalia Arcila Valenzuela, responsable de la primera edición en español, quiso leer su traducción de un poema concebido por el fundador del taller literario que dio vida a este conjunto de cuentos: Refaat Alareer.

Si debo morir, /tú debes vivir/ para contar mi historia,/ para vender mis cosas,/ para comprar un trozo de tela/ y algunas cuerdas,/ (hazla blanca, con una cola larga),/ para que un niño, en algún lugar de Gaza,/ mientras mira el cielo a los ojos,/ esperando a su padre que se fue en una llamarada/ –sin despedirse ni siquiera de su propia sangre/ni siquiera de sí mismo–/ vea la cometa, mi cometa, que tú hiciste,/ la vea volando sobre su cabeza,/ y piense por un momento que un ángel está allí,/ trayendo de regreso el amor./ Si debo morir, deja que traiga esperanza,/ deja que mi muerte se convierta en un cuento.

Tales versos se transformaron “en una insignia del movimiento por Palestina, en Estados Unidos, Canadá y muchos lugares de Europa. Se les conoce como el poema de las cometas. Su autor lo publicó en 2011 en su blog, en Gaza, y se lo dedicó a su hija mayor”. Días antes de ser asesinado en 2023, durante la cruenta agresión militar israelí a ese enclave, él lo recordó en su cuenta de X.

Escritor y profesor, Refaat Alareer se propuso “romper el cerco intelectual” impuesto sobre los gazatíes y los palestinos en general. Había nacido en 1979 y a los ocho años participó en la insurrección popular contra la ocupación sionista. Estudió Literatura, en la Universidad Islámica de Gaza; mediante una beca cursó una maestría en Literatura inglesa, en el University College London, y el doctorado en la Universidad de Malasia. Pudo disfrutar una existencia segura fuera de su país; sin embargo, eligió volver a la región e impartir docencia en el mencionado centro universitario. Allí, desafió incomprensiones, críticas, hasta conseguir que se comprendiera la importancia de enseñar inglés, de leer y escribir en ese idioma.

“Hizo un esfuerzo muy grande por mostrar que no era un abandono de la cultura y la lengua árabes, sino una necesidad de la resistencia palestina, el poder comunicarse directamente con activistas, gobiernos, instituciones de occidente, y así crear lazos de solidaridad”, recalca Migdalia Arcila Valenzuela.

Motivó a sus educandos a redactar, en inglés, historias cortas acerca de sus vivencias cotidianas, las cuales pudieran circular en Internet. A la par, mediante blogs y cuentas en redes sociales, difundió la realidad de los territorios sujetos a la opresión israelí. En 2013 viajó a Estados Unidos, donde ofreció charlas. Al escucharlo, “muchos cambiaron la perspectiva que tenían sobre Palestina”. Helena Cobban, directora de la editorial estadounidense Just World Books, aceptó imprimir un libro con los textos ideados por los alumnos de Alareer.

En octubre de 2025, Migdalia Arcila Valenzuela y otros participantes en un club de literatura convocado el año anterior por el Instituto de Cultura Árabe de Colombia, consiguieron sacar a la luz la traducción de Gaza Writes Back, bajo el sello de La Chucua Records, luego de recolectar fondos y afrontar presiones de grupos prosionistas. “Nos volteamos los bolsillos –recuerda la editora colombiana–, empezamos a recoger dinero entre familiares, amigos, en las universidades”.

Según palabras del propio académico para la edición primigenia, este volumen “registra y conmemora, en ficción, el quinto aniversario de la ofensiva militar a gran escala que Israel lanzó sobre Gaza entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero de 2009, la llamada Operación Plomo Fundido. Escritas por jóvenes de Gaza, las historias incluidas aquí presentan, en inglés, una muy necesaria narrativa de la juventud palestina”.

En la recopilación confluyen textos de “quince autores, solamente tres de los cuales son hombres. Casi la mitad de las historias empezaron como un ejercicio asignado para mis clases de Escritura Creativa y Ficción. Muchos de los escritores empezaron como blogueros […] Estas perspectivas sobre el mundo a veces hacen eco de viejas narrativas o de ciertas partes de estas, pero en su mayoría son únicas , no solamente en el uso del inglés como medio de comunicación, sino también en la manera en que facilitan un profundo entendimiento del sufrimiento palestino […] Aquí son particularmente impactantes las historias que tratan de ‘invadir’ la psicología de los soldados israelíes, un fenómeno relativamente nuevo en las narrativas de los jóvenes”.

Migdalia Arcila Valenzuela, quien está terminando un doctorado en Filosofía, integra la delegación colombiana de Global Sumud (la asociación une a varias instituciones humanitarias alrededor del mundo para llevar flotillas con ayuda a Gaza) y vino a Cuba como parte del convoy Nuestra América, asegura sentirse conmovida sobre todo por uno de los cuentos de Gaza responde; se titula Los paquetes y refiere el desasosiego de una madre mientras pasa por los numerosos puestos de control en el trayecto hacia la prisión en Cisjordania donde han encarcelado a su hijo. En cada punto le inspeccionan y destrozan las bolsas preparadas con comida, cigarros. Salma soporta las humillaciones sin perder la ilusión de reencontrarse con Naji. “Tiene un poco el estilo de Kafka, con la descripción de la burocracia y lo que Alareer llamaba violencia administrativa”.

¿El sustrato testimonial afecta de algún modo la calidad literaria de las narraciones?, le pregunto.

“Son unos cuentos maravillosos. Refaat enseñaba a escribir de manera tal que el resultado no fuera un simple reporte. Insistía en la efectividad de las imágenes y –se puede ver en varios relatos– en cómo narrar desde el detalle. En El viejo y la piedra, el protagonista se obsesiona con una piedra procedente de Jerusalén. Se la trajo, a petición suya, su hermano. Abu Yusef no quiere tener fotos ni videos, sino aferrarse a algo físico. Ahí se expresa la idea de la pertenencia a un territorio”.

Hamza despierta herido, a la entrada del quirófano. Un juego de fútbol callejero termina en tragedia. Los agricultores sueñan con replantar los olivares. El soldado israelí Ezra enloquece por las pesadillas y su esposa no sabe cómo consolarlo. Laila, estudiante de Medicina, mantiene firme el empeño de terminar la carrera, a pesar de los terribles infortunios de su familia. Islam insiste en pintar un mapa de su pueblo natal. El padre de Salem pone en tensión al ejército ocupante, al retornar a la casa familiar, de la cual lo desalojaron tres años atrás, y colocar allí explosivos. Un amor se frustra, otros se multiplican. El dolor y el enojo caminan junto a la resistencia y la esperanza.

Todo ello encontramos en Gaza responde, cuya traducción al español es, como declara Migdalia Arcila Valenzuela, una “manera de extenderle los brazos a nuestros hermanos palestinos, de decirles que su voz, su sufrimiento, pero también su persistencia, resuenan en América Latina”.

Testimonios de alumnos de Refaat Alareer, seleccionados por Migdalia Arcila Valenzuela

Sarah Ali: “Él ayudó a crear un ambiente capaz de cultivar mentes curiosas y brindar apoyo para que los talentos incipientes pudieran florecer […] Algunas de nuestras últimas conversaciones, incluso en medio del genocidio que está cometiendo Israel en Gaza, fueron acerca de los cursos que […] podríamos enseñar juntos en la Universidad Islámica de Gaza una vez terminara el doctorado y regresara a casa. Cuando mi padre murió […] yo no pude estar con mi familia debido al bloqueo israelí-egipcio. Refaat estuvo en el funeral […] Su amabilidad, su compasión y su enorme corazón eran admirables”.

Aya Rabah: “Los estantes de su oficina eran una biblioteca pública, los libros que él consiguió durante su maestría en el Reino Unido estaban siempre disponibles para sus estudiantes. Cada semana pasábamos […] por su oficina para recoger algún libro y si él estaba allí, teníamos extensas conversaciones […] Era una especie de club de lectura secreto.

“El señor Refaat vio el rico potencial que tenía la sociedad gazatí […] Antes de crear oficialmente el grupo de escritura We Are Not Numbers (No somos números), él solía organizar talleres gratuitos de escritura para jóvenes palestinos.

“Aunque dominaba perfectamente la teoría política y podía hablar extensa y elocuentemente sobre colonialismo, limpieza étnica, la ilegalidad e inhumanidad del bloqueo, y las violaciones de los derechos humanos que los palestinos experimentan todos los días, su pasión eran las historias que yacían enterradas bajo los escombros, las voces […] silenciadas detrás de los muros del asedio y el sonido de las bombas. Él escuchaba atentamente para no perderse estas historias, las albergaba en un lugar especial, y nos insistía en su importancia”.

Cuba, Gaza, guerra, Israel, Palestina

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