Chancleteando |
Cada día parece aumentar el número de cubanos y cubanas, de cualquier edad, que ya no usan zapatos rústicos o de salir, ballerinas, botines, botas, mocasines, zapatillas deportivas. El primer llamado de alerta me llegó dos años atrás, en Sancti Spíritus, donde se había puesto de moda entre los jóvenes portar chancletas en el centro de la ciudad y a toda hora.
Los habaneros también se han ido contagiando. Nos encontramos con vendedores, choferes, estudiantes, mecánicos, jubiladas y jubilados “luciendo” sus extremidades inferiores dentro de distintos modelos, protegidas si acaso –¿nos estará invadiendo la cultura japonesa?– por medias multicolores.
Hace poco vi a una muchacha, émula de la Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde, que en lugar de la larga bata criolla exhibía un vestido floreado, ultracorto, que se bamboleaba al ritmo de las caderas, con similar orgullo al de la protagonista literaria, sin preocuparse porque su calzado consistía solamente en tres tiritas sobre el empeine y tendía a escaparse de los pies, iba chancleteando rumbo al mercado. Embobado, un ciclista detuvo la bicicleta para dejarla cruzar. Y la observó hasta que las flores, la larga cola de caballo, etcétera, se perdieron entre la multitud.
En Cuba desde antaño los hombres también han utilizado chancletas; sin embargo, la mayoría lo hacía en el ámbito doméstico o en la playa. Menospreciados por buena parte de la sociedad eran quienes transitaran puertas afuera con la mencionada prenda. En 1875 el Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas, de Esteban Pichardo, dejaba sentada la crítica al respecto:
“Chancleta: Sinónimo de chinela y pantuflo; pero tenga o no orejas o talón el zapato, con tal que este se doble y pise con el calcañal […]........