“Busco siempre una manera personal de crear”
“Busco siempre una manera personal de crear”
Autor(es): Sahily Tabares
En exclusiva con BOHEMIA, el reconocido fotógrafo Roberto Salas Merino, Salitas, Premio Nacional de Artes Plásticas 2025, dialoga sobre su obra que inspira valoraciones conceptuales y estéticas
La conciencia afectiva crece pródiga, emociona. Lo sentimos al llegar a su hogar en La Habana donde nos seduce un Estudio-Taller pleno de gozos infinitos. Hablan las fotos; permiten “escuchar” historias mientras activan la memoria: detalles de gestos, hechos, circunstancias, contextos traen al presente lo vívido registrado. Sorprenden, incluso, teniendo conocimientos previos sobre una fructífera vida profesional cultivada durante seis décadas.
Ante nuestros ojos, la fortuna mayor, su obra. Solo está a la vista parte de ella, porque Roberto Salas Merino, Salitas (Bronx, Nueva York, 1940), conserva innumerables negativos de notable valor patrimonial. Ese acervo remite a su quehacer óptimo químico de carácter analógico. Más tarde incorporó lo óptico-electro-gráfico de carácter digital, aprovechando las nuevas tecnologías en montajes diversos.
Fotorreportero y artista del lente, dualidad que merece ser nutrida con mayor frecuencia en la actualidad, Salitas aporta al panorama visual diversas temáticas, puntos de vista y estéticas. Él sabe contar en imágenes sobre la historia patria y sus protagonistas heroicos –a veces anónimos– los valores antropológicos, el cuerpo, la religiosidad afrocubana, el habano, la ciudad. En fin, es imposible abarcar ese caudal informativo de notable repercusión social.
Modesto, cálido, dado a nunca olvidar, rememora su debut en la fotografía a los 15 años. Su padre, Osvaldo Salas, un referente imprescindible de la especialidad en Cuba y el ámbito internacional, lo inició en ese camino.
Habla despacio sin ocultar emociones: “Del ‘viejo’ aprendí mucho. Él emigró a Estados Unidos en 1926, fue buscando nuevos horizontes, y allá, en Nueva York, nací yo. Entonces se vinculó a las artes visuales y abrió su estudio frente al complejo deportivo y de espectáculos Madison Square Garden, uno de más importantes de la ciudad. Todo eso influyó en mí. Crecí entre revelados, impresiones de imágenes y químicas. Todo eso me motivó”.
Sin duda, esas experiencias determinaron en las notables audacias de su actuar fotográfico. Con apenas 16 años logró su instantánea La señora y la bandera. “Corría el año 1957. La prensa norteamericana no decía nada de la lucha insurreccional en nuestro país. Organicé una especie de ‘comando’ y con mi cámara ideamos el golpe fotográfico. Mis socios colocaron la bandera del movimiento 26 de Julio en la corona de la Estatua de la Libertad. Tras hacer la imagen me fui al laboratorio para revelar e imprimir; después repartimos esas fotografías por los periódicos y las agencias noticiosas. Fue la imagen más importante hecha fuera de Cuba durante la lucha contra Batista. Hasta la revista Life la publicó. Así me estrené en las grandes ligas”.
Periplos inolvidables
A Salitas le gusta paladear las palabras. Es grato escucharlo. De ningún modo acepta el protagonismo cuando refiere los encuentros con Fidel y el significado de retratarlo. “Tuve una relación muy cercana con el Comandante. Yo no era exclusivo. Formé parte del grupo que lo captó en imágenes. Él entendió siempre la utilidad y la necesidad del registro fotográfico. En Cuba, al triunfo de la Revolución, ese medio permitió comunicarse con quienes no sabían leer y escribir. Constituyó una manera de llegar al pueblo, mostrar las transformaciones de lo que ocurría en todos los órdenes de la vida. La fotografía es una forma de hablar. Lo asumí profundamente”.
Tras breve pausa, agrega: “La que reconozco mi fotografía favorita es: Enero, 1959. Esa fue la primera vez que vi al Che. Estaba sentado junto a Fidel en el Palacio Presidencial. ¿Cómo lo logré? Verás, la iluminación era muy pobre, aproveché que encendieron varias veces la cerilla para prender el tabaco”.
Tiempos y periplos cruciales han motivado al fotorreportero y artista del lente. “El Comandante respetó siempre nuestro trabajo. La fotografía épica, lo que ocurría en el campo y la ciudad, los cambios trascendentales producidos por la Revolución son parte de la memoria y del presente”.
Le satisface que “hablen” sus fotos. Por eso BOHEMIA acude a su bregar. “Colaboré con la revista. Me congratula que mis imágenes y las de mi padre estén en sus páginas”. También se le considera fundador del diario Granma, surgido tras la fusión de Revolución y Hoy. Durante años aportó al Departamento de Fotografía y publicó algunos textos. “Pero nunca recibí un salario por esto. Así lo prefería. Tuve la oportunidad para realizar otras cosas”.
Las obras dialogan por su creador. Regresan al presente hechos memorables e imperecederos. Junto a Salitas, su esposa y activa colaboradora, Lourdes Socarrás, rememora que Roberto le solicitó a Celia Sánchez viajar a Vietnam.
Ella evoca ahora anécdotas reveladoras de esa etapa. Destaca la capacidad del artista como corresponsal de guerra. “Trabajó creando”, dice. A su lado, además de disfrutar el acceso a saberes y hechos, participa con la savia propia de conocedora sobre el arte fotográfico.
Enseguida da paso al testimonio de Salitas: “En los años 1966, 1967, 1972, 1973 y 1984 realicé viajes al sudeste asiático, mayormente a Vietnam y Cambodia. Capté lo acontecido durante y después de las guerras. Esos conjuntos de imágenes tienen vigencia hoy y siempre. Denuncian los crímenes y el espíritu de resistencia de los pueblos. Permiten conocer rostros inolvidables como el de la niña Mai. Se sentía muy triste por la pérdida del padre”.
Apenas calla y prosigue: “Compartí junto al presidente Ho Chi Minh, un hombre muy humilde y sencillo. Hay que conocer la historia y la verdad fotográfica lo permite”.
El ver desde sus miradas
¿Cómo dejar constancia de ideas, pensamientos, sueños determinantes en el valioso registro aportado por sus piezas?
Al analizar ese legado se evidencia un propósito esencial: “Busco siempre una manera personal de crear”. Esta filosofía lo ha impulsado en la condición de ir más allá, indagar, intervenir su propio ver para redescubrir el cuerpo humano, los desnudos, la belleza inmanente de textura al leerlas desde una perspectiva propia, inusual. Interviene siendo él mismo. Polifacético e inusual. Así lo apreciamos.
En el propio afán de búsquedas y reconocimientos de este protagonista la apropiación de mensajes se sustenta en la cultura y las tecnologías durante complejos procesos comunicativos. Su poética debe ser socializada para interpretarla en profundidad.
Supo alimentar su talento desde la construcción del ver. Esa mirada capta y perpetúa relaciones jerárquicas de dominación. Acontece lo captado por un ojo entendido sobre la composición, el encuadre y lo que aprendió al ser un aliado de la fugacidad para hacerlo estar y permanecer.
Salitas lo sabe. Lo que no se visibiliza, no existe. El ver es una construcción cultural. Su periplo atestigua ese sedimento que ha dado frutos. Deben aprovecharlo lo más jóvenes. Al hacer justicia al fotorreportero, artista del lente, se estimula la trascendencia de una especialidad que hace posible conocernos y reconocernos.
Volvemos a sus series: Así son los cubanos (2007-2015), Nostalgias de La Habana (2009-2019), entre otras, revitalizando la infinitud de un humanista, cubano raigal, creador sensible, fotógrafo y trabajador nunca complaciente, ejemplo del deber hacer durante el ejercicio de las artes visuales comprometidas con Cuba y el mundo.
artes plásticas, Cuba, Cultura, fotografía, Roberto Salas Merino
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