ML5 después del oro |
Autor(es): Rafael Pérez
El cinco veces campeón olímpico vive otra etapa: compartir su legado y apoyar a las nuevas generaciones, incluso con planteamientos
Lo escribí antes, pero algo me empuja a repetirlo. Estuve a pocos metros de la hazaña de Mijaín López en los Juegos Olímpicos de París 2024 (su quinta corona), como enviado especial de nuestra centenaria revista BOHEMIA.
¿Qué pasó después de su victoria? ¿Qué ha ocurrido desde entonces con esa gloria al parecer irrepetible (¿cinco medallas de oro en un mismo evento individual?). Ojalá lo supiera todo –cosa imposible–, de modo que comparto algunos pasajes, tanto de esos instantes de película como más actuales.
Cuando venció en el combate final, con una facilidad impresionante, al cubano nacionalizado chileno Yasmani Acosta –su excompañero durante años en el Cerro Pelado–, realizó un ritual habitual entre los grandes de la lucha: dejó sus zapatillas invictas sobre el colchón.
Luego, feliz y sonriente, recorrió un largo túnel ofreciendo declaraciones a distintos medios de prensa hasta llegar al final, el más esperado por él y todo nuestro grupo.
Entonces se me ocurrió bautizarlo ML5 (Mijaín-López-5), inspirado en el célebre futbolista portugués Cristiano Ronaldo y el número de su camiseta (CR7).
Todo no terminó ahí. En el avión de regreso, al preguntarle si mantenía lo que me había dicho años antes sobre su rival más difícil –el ruso Khasan Baroev y no el turco Riza Kayaalp–, respondió con rapidez: “Baroev, sin duda. Ah, los dos, que me ganaron, estaban dopados”.
Me atrevo a afirmar algo: horas antes de sentarme a redactar........