El imperio en crisis
Como otras potencias en la historia, Washington enfrenta un proceso prolongado y conflictivo de pérdida de hegemonía, donde la agresividad externa refleja más urgencia que estrategia
En el debate internacional sobre Venezuela, Irán, Dinamarca o Nigeria –y sobre cualquier otro que Estados Unidos decida amenazar– con frecuencia se buscan explicaciones o se intenta construir un marco que contextualice las atrocidades cometidas por la Casa Blanca. Incluso se cuestiona el papel de Europa: mientras Washington ejerce presión directa, Bruselas mantiene su enfoque de señalar a Rusia y China como principales contrincantes. En medio de este panorama, suele pasar inadvertido un elemento estructural y constante.
La administración Trump abordó las limitaciones de su poder global aplicando lo que Steve Bannon describió “inundar a otros de lo peor”. Al igual que el guardia en el panóptico de Michel Foucault, Washington no dispone de recursos para actuar en todas partes, pero sí puede intervenir imprevisiblemente en cualquier lugar.
Cada vez que Trump responde a las demandas de alguno de los sectores del capital, que inicialmente parecía respaldar su figura –proteccionismo industrial, presión sobre la energía, rearme o control migratorio– se generan tensiones con otros. Los aranceles que favorecen a ciertos grupos afectan las cadenas globales de valor de otros. La confrontación geopolítica, que beneficia al complejo militar-industrial, encarece los mercados y genera........
