menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Vergüenzas municipales: un sistema depredado por sus propios administradores

8 0
previous day

El problema es entrópico. Las dificultades son generadas desde dentro, el sistema municipal es depredado por sus propios administradores.

Los que fuimos al colegio cuando todavía se impartían de manera seria y rigurosa las materias de Historia y Geografía y en ella se incluían las unidades de historia de Chile, historia universal, geografía política y geografía económica, sabemos perfectamente que una región está constituida de provincias y ellas de comunas, y el conjunto total de ese espacio físico delimitado por fronteras interiores, es lo que llamamos Chile, nuestro país, nuestro territorio nacional.

Pues bien, el pasado lunes 06 de abril la Contraloría General de la República (CGR) en uno de sus célebres Consolidados de Información Circularizada (CIC N°22) informó que las municipalidades (345 a nivel nacional) durante el periodo comprendido entre el año 2024 y 2025 gastaron la friolera de 31 mil millones de pesos sólo en “actividades conmemorativas y celebraciones”.

El documento de la CGR no solo devela el infame gasto, sino que deja entrever la real ineficiencia del manejo de los recursos públicos y cómo uno de los sostenedores y articuladores fundamentales de la vida nacional (el mundo municipal) en un país como el nuestro, con múltiples necesidades sociales, se atreven a dilapidar sin conciencia, ni culpa, lo que tanto les hace falta a muchos.

¿Cómo es posible que alcaldes y concejales elegidos democráticamente con la primera promesa de campaña de dar respuesta efectiva a las necesidades de sus ciudadanos despilfarren en “eventos varios” miles de millones de pesos de las arcas municipales?

Al revisar el documento los números impactan. El 39% de lo gastado (unos 12 mil millones de pesos) fue sólo en logística. O sea: Baños químicos, equipos de amplificación y catering (para los que no son bilingües, canapés, bebiditas y otras vituallas).

Entre las actividades que más gastaron a nivel nacional nuestros alcaldes y concejales fueron en el Día de la Mujer (4 mil millones y fracción), el Día de las Infancias (3 mil millones y fracción) y el Día del Adulto Mayor (2 mil millones y fracción).

Pero la creatividad y el derroche no se quedan allí. Se gastaron otros 136 millones de pesos en el Día del Perro -sí, escucho bien-, en el Día de la Sonrisa, en el Día de la Trashumancia y este se lleva todas las palmas, seguro es el mejor de todos: el Día de Los que Pasamos Agosto. Tal cual.

Si, usted se ríe, pero lo grave es que la CGR hizo la comparación entre lo gastado entre estas celebraciones soba lomos y aprieta manos, versus ayuda social para los vecinos y los eventos superaron por mucho a lo asignado para personas en situación de vulnerabilidad.

Entre Alto Hospicio, Talca, Arica, Camarones, Huara, San Pedro de Atacama y Pozo Almonte se gastaron sobre 90 millones en celebraciones y eventos antes que en proyectos sociales. Y la tendencia durante 2025 en algunas de estas comunas, se mantuvo. Huele a un clientelismo brutal.

Un dato escalofriante es que la CGR descartó a la Navidad, el Año Nuevo, el 18 de septiembre y sus aniversarios oficiales. Si no hubiera sido así, las cifras se hubieran disparado aún más.

¿Como podemos explicar desde la razón, la probidad y la transparencia que Alto Hospicio entre 2024 y 2025 haya gastado sobre los 624 millones de pesos en celebraciones, eventos y fiestas colectivas por sobre proyectos sociales?

Después vemos en la TV las incuestionables necesidades de esa comuna por falta de pavimentación, alumbrado público, escases de agua potable, áreas verdes, seguridad ciudadana y altos índices de drogadicción y violencia entre niños y adolescentes. Supongo que los canales de TV irán presurosos a preguntarle personalmente al alcalde Patricio Ferreira (DC) por qué tanto derroche.

Uno de los datos más llamativos y significativos y que no deja de impresionar es que el promedio de gasto para estos eventos por habitante a nivel nacional supere apenas los 9 mil pesos, pero en Río Verde, Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, el promedio de gasto por habitante asciende insólitamente a los 981 mil pesos.

La alcaldesa Tatiana Vasquez (Ind.) al parecer está muy mal asesorada, es mucho mejor que de una vez por todas de un bono anual de 500 mil a cada habitante (son 102) se deje de hacer tanto evento problemático y así ahorre plata. Y de paso, sería reelegida eternamente.

Toda esta situación tan descompuesta me parece el capítulo más abyecto de “Hermosilla y Quintanilla” del extinto programa de humor “De Chincol a Jote”. Así mismo veo a esos municipios, igualito. La verdad me impacta, porque conozco de cerca la dura realidad de muchos municipios del Chile profundo. Trabaje durante años cómo PR, encargado de comunicaciones estratégicas, vinculación con el medio y sus comunidades en varios municipios del sur del país.

Gestionaba con un presupuesto insignificante, con un internet conectado al cable del teléfono, con celulares que no tenían señal en áreas rurales y sin redes sociales. Era sólo para valientes. Hoy esas mismas condiciones de trabajo quizá motivarían denuncias de maltrato laboral. Era otro Chile.

Asesoré a varios alcaldes y en muchas oportunidades detectábamos en salidas a terreno duras realidades sociales. Cada vez que quisimos aportar a la solución de ellas, siempre nos topábamos con la misma respuesta, “no hay plata, ni presupuesto”.

Pero en realidad el dinero, los mecanismos para presentar proyectos, ser aprobados y que vayan en beneficio de los ciudadanos, siempre han existido (gran labor hace la SUBDERE y los CORES en cada Gobernación) y hoy lo sé. Comparo desde la distancia relativa que me da el tiempo y sé que hoy hay más posibilidades que nunca. Y quizá por eso mismo, el despilfarro.

Al parecer la primera dificultad es justamente la deficiente administración de los recursos. Y aquello es responsabilidad directa de alcaldes, concejales, profesionales y técnicos municipales. O sea, el problema es entrópico. Las dificultades son generadas desde dentro, el sistema municipal es depredado por sus propios administradores.

Hay municipios con presupuestos reducidos, por cierto. Existen más necesidades que recursos, quien lo duda. Pero lo que más existe son autoridades elegidas con bajo capital educacional y cultural, sin carreras profesionales relativas al cargo, o con un profundo desconocimiento del servicio público. Famoso es el caso del actor Jorge Gajardo (PS) que ganó la alcaldía de La Florida en 2008 y en 2011 presentó al concejo municipal su renuncia. Invocó problemas de salud. Después se supo que estaba agobiado con el trabajo y “encontró mucha oposición a su trabajo desde su propio sector político”. Así no se puede.

Lo más incómodo, lo más impopular y lo que menos quieren hacer en ambas cámaras, porque digámoslo, el mundo municipal trabaja de la mano en campañas políticas junto a senadores y diputados y muchos de ellos se oponen a modernizar y transparentar la gestión municipal, porque desde ahí se generan muchos votos cruzados.

Por eso reformar y modificar la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades (n°18.695) es fundamental y a la luz de los hechos, es de carácter urgente. Hay que dotarla de entornos profesionales de alta calidad, de uso de tecnología para ayudar a gestionar de manera moderna, rápida, eficiente, fiscalizable y rastreable. Aumentar las actuales facultades de los concejales para auditar la gestión de los alcaldes y asegurar transparentar (pero en serio) toda aquella información.

Para que no se repitan nuevamente los casos de Gervoy Paredes (PS) y José Luis Yáñez (UDI), los exalcaldes de Puerto Montt y Algarrobo que fueron sentenciados por malversación de millonarios fondos públicos, lavado de activos, cohecho y enriquecimiento ilícito.

Pero también está la dimensión ética de la politica. Los partidos tienen rotunda responsabilidad en apoyar y muchas veces ayudar a construir aquellos liderazgos. Con frecuencia se sirven electoralmente de candidatos con una alta visibilidad publica que a la hora de cotejar sus antecedentes, no les interesa que carguen con pasados oscuros, muchos de ellos con comportamientos reñidos con la ética, la moral, e incluso la justicia.

Hay mucho trabajo que hacer. Porque si queremos retomar la senda de país serio, confiable, eficiente y probo, que alcance para todos y que no se lo lleven para la casa los tránsfugos de siempre, tenemos que ser coherentes en no solamente construir institucionalidad a la altura, si no que descartar y apartar de una vez por todas a los forajidos del servicio público.

Porque el jugoso erario nacional de todos los chilenos no es un botín de guerra a repartir entre unos pocos. Es la real posibilidad que necesitan muchos, para verdaderamente salir adelante y ganarle a la adversidad.

Andrés González Houston Máster en Comunicación y Política

Andrés González Houston Máster en Comunicación y Política

{{ post.resumen_de_ia }}


© BioBioChile