Contribuciones y bodegas: cuando un impuesto empieza a frenar la inversión

Un sistema tributario serio necesita recaudación, pero también certeza, proporcionalidad y transparencia. Si una bodega está sobreavaluada, el efecto no es neutro: sube el costo operacional, disminuye el margen, se encarece el arriendo, se posterga inversión y se reduce competitividad.

Durante años, las contribuciones fueron vistas por muchas empresas como un costo más dentro de la operación inmobiliaria. Un gasto relevante, sí, pero relativamente predecible. Eso está cambiando. En el mundo logístico e industrial, el impuesto territorial dejó de ser una línea secundaria en la planilla de gastos y comenzó a transformarse en una variable capaz de alterar decisiones de inversión, contratos de arriendo, rentabilidad operacional e incluso la viabilidad de nuevos proyectos.

El problema no es que paguen contribuciones. El punto es que el avalúo fiscal sobre el cual se calcula ese impuesto esté correctamente determinado, sea trazable, razonable y coherente con la realidad económica y constructiva del activo. Cuando eso no ocurre, el impuesto deja de ser una contribución territorial y comienza a operar como una distorsión a la inversión.

Hoy estamos viendo casos difíciles de explicar. Un centro de distribución recientemente construido, de 30 mil metros cuadrados, tuvo un costo aproximado de 12 UF por metro cuadrado. Sin embargo, el........

© BioBioChile