La seguridad no puede depender de la comuna donde vives |
Chile tiene menos homicidios que hace tres años. Es una buena noticia y hay que decirlo. Pero hay una cifra que impide cualquier celebración: durante 2025 fueron asesinadas 1.091 personas en nuestro país. La tasa llegó a 5,4 homicidios por cada 100 mil habitantes y prácticamente uno de cada dos homicidios —el 48,7%— se cometió con un arma de fuego.
Hemos avanzado, pero seguimos enfrentando niveles de violencia que Chile no puede normalizar.
Por eso la reforma constitucional en materia de seguridad presentada por el presidente José Antonio Kast merece ser discutida con seriedad y celeridad. La presidenta del Senado, Paulina Núñez, ha llamado a tramitarla con urgencia y a construir los acuerdos necesarios para avanzar.
Creo que la oposición cometería un error si rechazara una reforma simplemente porque proviene del Gobierno. La seguridad no pertenece a la derecha ni a la izquierda. Pertenece a las familias.
La reforma propone consagrar expresamente la seguridad pública como un deber del Estado y entregar nuevas herramientas frente al crimen organizado y el terrorismo, junto con cambios en materia penitenciaria y mecanismos para perseguir con mayor eficacia las estructuras criminales. Hay que discutir esas herramientas.
Pero legislar rápido no significa entregar un cheque en blanco. Una democracia debe ser firme contra el crimen y, al mismo tiempo, respetar las garantías constitucionales.
Y existe una pregunta todavía más profunda que esta reforma debería responder: ¿Dónde está el Estado antes de que el narcotráfico o el crimen organizado se apoderen de un territorio?
Porque podemos endurecer penas, construir cárceles y entregar nuevas atribuciones. Pero si el Estado llega solamente después del homicidio, después del secuestro, después de la balacera o cuando una familia ya dejó de utilizar la plaza de su barrio por miedo, estamos llegando tarde.
El mapa del delito también es un mapa de las desigualdades de........