Cuando la relación funciona gracias al esfuerzo de uno solo |
Cuando una relación se sostiene a costa del esfuerzo permanente de una sola persona, el amor deja de ser encuentro y se convierte en carga. Una reflexión sobre vínculos desiguales, agotamiento emocional y la dificultad de amar cuando hacerse cargo reemplaza a la reciprocidad.
Cuando el amor se transforma en una carga permanente, el deseo no se enfría: se apaga. No porque falte cariño, sino porque la relación deja de sentirse como un encuentro entre dos personas que se sostienen a sí mismas. En muchas parejas, se instala una dinámica silenciosa y normalizada donde uno de los miembros termina haciéndose cargo del otro para que el vínculo no se caiga, ocupando un rol que nunca eligió.
Hay violencias que no gritan, no golpean ni dejan moretones visibles, pero desgastan lento, como una gotera constante. Al principio parecen pequeñas, incluso comprensibles. Se toleran, se justifican y se normalizan, hasta que con el tiempo terminan dañándolo todo.
Algo similar ocurre cuando una relación empieza a funcionar solo gracias al esfuerzo extra de una de las partes: sostener emocionalmente, resolver lo práctico, amortiguar crisis, anticipar conflictos y postergar el propio cansancio para que la pareja siga en pie.
En estas relaciones, una persona comienza a asumir responsabilidades que no le corresponden, no por elección consciente, sino por adaptación. Amar empieza a parecerse demasiado a hacerse cargo. No hay un momento claro en que se decide ocupar ese lugar; más bien, el rol se instala de manera progresiva, hasta que la relación depende de esa desigualdad para seguir existiendo.
Este tipo de vínculo no surge de la nada.........