Economía, migrantes, inseguridad y natalidad |
El fin de semana último el electorado suizo rechazó una propuesta destinada a -legalmente- limitar la población total del país a 10 millones de habitantes. En la actualidad, Suiza tiene una población de 9,1 millones que incluye a 2,5 millones de extranjeros (27%).
Si bien la mayor parte de “no-nacidos-en-el-país” (en Suiza la nacionalidad se rige por el principio de ius sanguinis) proviene de países de la Unión Europea (Alemania, Francia, Italia y Portugal), el resultado de la votación indica que un 45% de los electores suizos (que personalmente conozco está, desde el kindergarten, educada en el principio de la tolerancia) se siente -a lo menos- incomoda con tan alto porcentaje de extranjeros.
Por lo mismo, si en términos estadísticos diez puntos son una diferencia holgada hay -de todos modos- que anotar que ésta se explica en que el “no” al techo de 10 millones de habitantes se debe a que esa opción ganó en las cuatro metropolitanas (Berna, Ginebra, Zurich y Basilea), en las cuales se concentra la mayoría de los puestos de trabajo ocupados por extranjeros. En cambio, en los cantones de la Suiza profunda, esto es, los cantones alpinos suizo-alemanes y las zonas rurales, el “sí” al límite de 10 millones rozó el 66%.
Mientras en las áreas urbanas la velada limitación del número de inmigrantes se interpretó como amenaza sobre la economía (tributación y oferta de mano de obra para los sectores hospitalario, bancario, comercio, etc.), en las villas y en el campo suizo la cuestión de la inmigración -especialmente desde países musulmanes- constituye una amenaza no solo sobre la estabilidad del sistema de prestaciones sociales (que son muchas), sino que sobre el modo de vida extra-ordenado y extra-seguro propiamente suizo.
En este ámbito, en la suiza profunda (y sus equivalentes en Europa Occidental) hechos de sangre ocurridos en Francia, Alemania y otros sitios, causados por inmigrantes y asilados de fe islámica, se interpretan como resultado de concesiones inconsultas efectuadas por políticos tradicionales, responsables, a final de cuentas, de lo que algunos anuncian como la “islamización de Europa”.
Altos niveles de criminalidad asociados a barrios de inmigrantes en ciudades como Paris, Bruselas, Londres, Belfast, Oslo, Estocolmo y Berlín, refuerzan dicha percepción. A eso debe agregarse el argumento de que la inmigración (con su mecanismo de reunificación familiar) supone un peso insostenible para el muy caro sistema de prestaciones sociales.
En buena parte esto explica la popularidad de movimientos sociopolíticos antiinmigración (en este campo el referéndum del Brexit británico de 2019 y el........