La incertidumbre es como una sombra |
Es posible imaginar a los primeros cavernícolas cazando, recogiendo frutos, buscando plantas para alimentarse, protegiéndose del frío y del calor. Milenios después, a nuestros mismos ancestros, ya más desarrollados, en constante trashumancia para buscar suelos fértiles y agua. En su lucha por la supervivencia, lo más seguro es que vivieran confrontados a todo tipo de amenazas. La incertidumbre era el estado normal de su frágil existencia. Sin disponer de tecnología para anticipar nada; a lo más, observaban las nubes y la dirección de los vientos y, ante las catástrofes y las fieras salvajes, solo huían. Todo era imprevisible, incontrolable, incierto.
Desde entonces, la regla general ha sido vivir en la incertidumbre. Y esta constante parece estar hoy más vigente que nunca; porque si antes se temía por la vida propia y la del grupo humano, hoy la incertidumbre afecta a la humanidad y al planeta.
Como todo sentimiento, la incertidumbre es invisible; pero pesa hasta oprimir y se siente como el trueno. La definición de la RAE es escueta y hasta algo avara: “Es la falta de certeza o de conocimiento seguro” —nos dice—.
Esta se manifiesta ante la ignorancia acerca de algo importante y ante la impotencia por no poder actuar para anticipar o solucionar lo imprevisto. En toda sociedad, la incertidumbre provoca fuertes emociones, miedo, ansiedad y preocupación; sentimientos que, expresados colectivamente, son males mayores.
Afrontar la incertidumbre
Para afrontar la incertidumbre, parecieran existir dos caminos:
Por un lado, la historia nos enseña que esta es una constante que camina al ritmo de nuestros pasos, pegada como sombra a la humanidad. Siempre y en todo lugar, las sociedades, al momento de buscar proyectar su futuro, se les interpone una cortina de incertidumbre que dificulta la visión y la acción, recordando a cada pueblo, a cada generación, su extrema pequeñez.........