Chile debe doblegar el pesimismo |
Como en toda lectura de la sociedad, la contradicción está siempre presente, y es justamente lo que provoca el impasse en el que estamos empantanados.
Para la RAE, el pesimismo es la “propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más desfavorable”. Se deduce que no es únicamente un sentimiento, sino una actitud, un estado mental que se manifiesta a través de pensamientos, formas de ser y expectativas.
Al igual que los bostezos, el pesimismo es contagioso. Cual virus maléfico, se incrusta repentinamente en las mentes y comienza a propagarse entre los estamentos de la sociedad sin el menor control sanitario. El pesimismo se transmite a través de un fenómeno conocido como contagio emocional, en el que, inconscientemente, nuestro cerebro sintoniza con las emociones de quienes nos rodean, provocando, de esta forma, que la negatividad reine a sus anchas.
La neurociencia explica que este fenómeno se debe a las neuronas espejo, las que se activan al observar a los otros, haciéndonos experimentar la misma emoción que percibimos en ellos; en este caso, frustración, resentimiento, desesperanza; en síntesis, todo lo malo. Nuestro instinto animal de supervivencia hace que prestemos una mayor atención a la información negativa, percibida como amenaza a la especie.
Entonces, cuando un grupo de personas comparte una misma queja, el pesimismo se instala colectivamente, paralizando la capacidad de acción e inhibiendo las ilusiones del grupo.
Los psicólogos afirman que, en el ámbito laboral o familiar, por ejemplo, las “calamidades” experimentadas por algunos terminan creando círculos viciosos que afectan al grupo en su conjunto.
Llevado a nuestra realidad cotidiana, cada mañana, observamos que los medios de comunicación informan y comentan hechos escabrosos que luego las redes sociales aumentan e interpretan sin control ni discernimiento, casi macabramente, hasta........