Contra la obediencia digital

No se trata de rechazar la tecnología como un nostálgico furioso. Sería absurdo. El problema no es usar herramientas digitales, lo complejo es entregarles completamente la estructura de la vida humana.

Nos prometieron libertad.

Nos entregaron contraseñas.

La revolución digital llegó acompañada de un relato seductor: rapidez, eficiencia, modernización, acceso universal, democratización del conocimiento. Y algo de eso ocurrió, por supuesto. Hoy podemos acceder en segundos a información que antes requería días de búsqueda. Pero bajo esa promesa silenciosamente se instaló otra cosa: una cultura de obediencia operacional.

La tecnología dejó de ser una herramienta para convertirse en una estructura de control. Nada nuevo, ya lo habían anticipado Houllebeq, Villoro y Byung-Chul Han, entre otros.

Vivimos sometidos a sistemas que nadie comprende realmente, administrados por empresas invisibles, regidos por contratos de adhesión que jamás discutimos y modificados constantemente sin nuestro consentimiento. Una actualización cambia rutinas laborales completas, un error de autenticación nos expulsa de nuestra propia vida administrativa. Una clave olvidada puede volver inaccesible nuestro trabajo, nuestros recuerdos o nuestro dinero. Lo más inquietante es que ya ni siquiera nos parece extraño.

El hombre contemporáneo pasó de crear procesos a obedecer interfaces. Buena parte del trabajo intelectual moderno........

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