El neofeudalismo de Kast |
Cuando un gobierno considera que todo lo público es prescindible, termina convirtiendo derechos básicos en mercancías. Lo que antes estaba garantizado pasa a depender exclusivamente de la capacidad de pago de cada familia.
Durante años se ha intentado instalar la idea de que el Estado es un problema. Que todo lo público es ineficiente, que los funcionarios públicos son un gasto innecesario y que la solución para los desafíos de Chile pasa por reducir al mínimo la presencia estatal. Sin embargo, detrás de ese discurso aparentemente técnico existe una definición profundamente política: mientras menos herramientas tenga la ciudadanía para protegerse, más vulnerable se vuelve frente a quienes ejercen el poder.
La reducción sistemática del Estado no es una simple diferencia ideológica sobre el tamaño de la administración pública. Es una decisión que afecta directamente la vida de millones de personas. Porque cuando desaparece un programa social, cuando se debilita un hospital o cuando se reduce la capacidad de un municipio, no desaparece la necesidad que ese servicio cubría. Lo único que desaparece es la ayuda.
La pregunta es simple: ¿cómo se sostiene la salud primaria, secundaria y terciaria sin un Estado fuerte? ¿Quién financia los Cesfam, las postas rurales, las campañas de vacunación, los hospitales regionales y los tratamientos de alto costo? Quienes promueven el achicamiento permanente del Estado rara vez responden esa pregunta. Prefieren repetir consignas sobre eficiencia mientras miles de familias dependen cada día de una red pública para sobrevivir.
La contradicción se vuelve grotesca cuando........