Rodrigo Lira en el quinquenio salvaje |
Lira será el agudo lector de un quinquenio salvaje y sufrirá el roce exasperado con los signos de su tiempo. Practicó el irrespeto como si abrazara a alguien con veneración, y agudizó la solfa para que nadie se sintiera seguro ni dormido en los laureles.
Rodrigo Lira (1949-1981) es todo un eslabón, pieza o momento esencial de la poesía chilena. Escribe en el contexto de la eclosión y reconfiguración generalizada de los signos provocada por la dictadura.
Entre tales signos tenemos las palabras. Hay signos borrados, interrogados, redefinidos, reinstalados y nuevos signos atrayendo la atención o forzando la mirada. Los habilitados proliferan iracundos y jactanciosos en el remanente del espacio público, la administración del Estado, la vida privada, la prensa, el comercio, el discurso político.
Ante otras escrituras poéticas más retraídas respecto de este entorno inicial, Lira comienza a elaborar un abecedario, a balbucear la neolengua ambiente y a tramarse con los signos para saber de qué significados se trata y cuáles son sus particularidades escénicas; desde luego reflexionar cómo la escritura podría imbricarse a ellos para intentar nada menos que un contraataque del habla.
Digamos, entonces, que Lira es la escritura más adherida a la situación fallida general de la realidad chilena postgolpe. O, si se quiere, una escritura soldada a los escombros del signo, a la dislocación y crisis de todas sus piezas y partes. Exhibe una intimidad identitaria como ninguna.
El paisaje en el que la reflexión de Lira se entreteje no escamotea la minucia antipoética y la utiliza en el avance del discurso: es ese aire escénico del Ladrillo de los Chicago Boys de la segunda mitad de los 70: el Empleo Mínimo, el cassette, Ocupaciones Ofrecen de los avisos económicos, certificados de antecedentes, prueba de aptitud académica, “el asqueroso pop”, la tele de la risotada y Área 12, los tecnócratas impasibles, suplementos, revistas y pasquines con control de censura, la yamaha (sic), el IVA, el apagón cultural, los ansiolíticos para adormilarse como sea.
Es la suya una observación atenta y obsesiva del momento, en que........