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Pedro Lemebel: barroco coliza

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12.02.2026

Por medio de este neobarroco coliza, por él y en él es que se descubre un mundo hasta ahora inédito en tal grado de intensidad en la literatura “chilena” al menos. La representación y lo representado desbordan una norma de medida y sentido ya extrañados de la opacidad de costumbre, con títulos plenos de habla.

Parte del empeño escritural de Pedro Lemebel es sexualizar y/o homosexualizar el recorrido del borde, un margen biopoblacional devastado, en las hilachas, agredido políticamente en múltiples estratos y expresiones (hablo de La esquina es mi corazón). Y a partir de este eje trazar líneas de fuga hacia otros comercios o fiaos sexuales, analizando la ciudad y las áreas expansivas de pronto ilegales y secretas por expediciones gay: el baño turco, el cine, la disco, el parque. Pero también hacia el cotidiano del trabajo (peluquería), el transporte público (micro), la compraventa popular (Persa), e incluso al cartageneo de la playa de un febrero azulado “recogiendo colillas, pidiendo una moneda, un copete, lo que sea para sobrevivir de guata al sol en el grafito negruzco de las arenas populares”.

El plano lo satura de interacciones homosexuales de distinta gradación (permitidos, prohibidos, accidentales, probables, fantasiosos), en mi lectura a la busca de algo medular que valida y sustenta todo el registro: la práctica y exhibición de una poiesis homosexual en tanto señal de vida productiva y resistencia, un delta erótico anegando la normatividad y lo debido: la pátina religiosa condenatoria, el diseño urbano y habitacional nada proclive a la intimidad, las buenas costumbres exigidas mientras campean las malas, la varonía abotonada del servicio militar, el buen gusto funcionando como compuerta, la política........

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