El día después
En la mesa 28, a la que me envió de vocal un sorteo ante notario, departí durante toda la jornada electoral con un tipo encantador. Un madridista con capacidad notable de ejercicio de la crítica y de la tolerancia. El interventor de Riquelme.
Como hablo bien de él, me reservo su nombre. Para no enemistarle con los lápices menos afilados del estuche blanco, que visten de negro. Coincidió uno de estos seres de luz negra con el voto de Florentino. «¡Floren, amnistía pa’ Ultrassur!», voceó. Este os vota convencido de que perdéis. Reímos.
A expensas de la falta de capacidad crítica de una parte notable de sus socios, que militan en las filas denominadas críticas —paradojas del castellano—, el Madrid ha corrido un peligro real y concreto.
Antipatizar no es hacer crítica. Puede hacerse crítica desde la antipatía, claro, como desde la simpatía. Nadie que haya perdido un minuto charlando conmigo del Madrid, y el primero Florentino, esperaría ver por aquí otra cosa. Agradecido. Simpatizante. Cooperante en campaña. Votante de Florentino. Y agradecido, de........
