De un tiempo, de un país |
Amanece en el valle. La carretera trepa por la solana, ganando altura en cada revuelta. Aquí se llaman lacets. Admiro a los cicloturistas. Superando la dificultad con esfuerzo tranquilo. Cada uno en su estilo y acorde a sus condiciones. Mochila a la espalda, doblado sobre el manillar, un veterano viste el maillot del PDM. ¡Ay, ese Perico! Suben, otros, con cadencia impresionante, la carretera que lleva a Merlette.
Exageraba si dijera centenares, porque desde ayer he podido admirar a muchos más de mil. De aquí, la mayoría. Pero de todas las naciones. Italianos, claro. Al fin y al cabo, vecinos del otro lado de los Alpes. Pero mexicanos, más de uno. Y de una, que va haciendo, el día antes, la escalada final de la etapa del día siguiente. ¡Vamos, Torito!
Austriacos, belgas, holandeses. Y españoles, por supuesto, unos cuantos también. ¡Hala Madrid!, ¡hala Madrid!, ¡hala Madrid! En el 7,6% que está superando ahora mismo a un madridista le sobra aliento para saludar mi bandera. Unos pocos suben a ritmo de la música. Fito y Fitipaldis. Otro grupo de compatriotas. De todas las edades. Niños, no muchos, pero no pocos. Esto hay que vivirlo, aunque sea una vez. Y no faltan las bicicletas eléctricas que hoy........