Una luz en el paredón

La Selección, que en el siglo pasado casi era un rincón para la mofa, vuelve a sentir la crítica en el cogote tres años después de su última experiencia. Desde que cayó ante Escocia en 2023, con mil dudas en torno al futuro de De la Fuente, no sabía de qué iba eso. A más de uno se le había olvidado. Hay fans imberbes, jugadores, técnicos y directivos que sólo habían conocido la cara amable de la vida. Después de 32 partidos invicta, la de ayer fue, sin serlo, la derrota más dura. Un 0-0 entre histórico y sonrojante. Y ahora vuelven los palos con razón. Empatar contra Cabo Verde es como no acertar ni un solo pronóstico de 15 en la Quiniela.

Las primeras consecuencias son las evidentes: apuntar al seleccionador, a su plan, remontarnos a la lista, maldecir el once del debut, acordarnos de las ausencias y debatir con acidez sobre las soluciones aportadas al atasco. Allá cada cual. Gavi, Rodrigo y Oyarzabal, por nombrar a los más repetidos, no salen bien en la foto finish. Sin embargo, este resultado tan sorprendente como decepcionante es de los que van a venir bien. De verdad lo pienso. Y de verdad así lo siente más de uno en la caseta. Es el mejor momento para encajarlo y el menos doloroso.

La euforia estaba desatada. Y esta vez la exaltación no sólo partía de la afición, sino que había calado de mala manera inusual en el vestuario. Un 4-0 a nadie hubiera hecho daño, claro está, pero a esta Selección se le podía atragantar de seguir así. Se bajó mucho la guardia con el optimismo. Una cosa es la........

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