Opinión El imperialismo estadounidense entra en una nueva etapa

La retórica y las acciones de Donald Trump contra Irán, Venezuela y Cuba en el último año tienen pocos precedentes en la historia contemporánea. Deben interpretarse como la señal de una nueva etapa. En ese sentido, exigen una reevaluación del análisis y de la estrategia por parte de la Izquierda.

La reiterada amenaza de Donald Trump de bombardear a Irán "hasta devolverlo a la Edad de Piedra, donde pertenece" no tiene equivalente en la retórica de incluso los jefes de Estado más notorios y brutales del pasado reciente. La decapitación de toda la dirigencia de un país para forzar su rendición total, como han hecho Washington y Tel Aviv en Irán, constituye asimismo una novedad en la estrategia bélica.

El secuestro del presidente de Venezuela y de su esposa, la diputada Cilia Flores, como primer paso en un intento de establecer una relación colonial mediante el control absoluto de la principal fuente de ingresos del país —el petróleo— representa un retorno a prácticas propias del imperialismo de siglos pasados.

Estos son ejemplos de "hiperimperialismo", un concepto teorizado por Samir Amin para describir a Estados Unidos "como la única superpotencia capitalista". Más recientemente, el Tricontinental: Institute for Social Research ha señalado que el hiperimperialismo estadounidense persiste a pesar de una marcada erosión de su poder económico y, aunque en menor medida, financiero. Su supremacía militar no solo es inigualada, sino que se ve complementada por formas de guerra híbrida, en particular las "hipersanciones" y el uso de la guerra jurídica ("lawfare").

Lo que debe añadirse al concepto de hiperimperialismo —en particular en la versión que encarna Donald Trump— es su carácter sui generis. Para encontrar un paralelo al tipo de hegemonía que hoy ejerce Estados Unidos —marcada por el uso persistente e indiscriminado de la fuerza y la amenaza de recurrir a ella— habría que remontarse al imperio romano o incluso a épocas anteriores.

Una de las innovaciones de Trump radica en el empleo del aparato militar para reforzar el sistema de sanciones económicas: ejemplos de ello son la interdicción de buques petroleros, la "cuarentena" del petróleo cubano y la guerra a gran escala contra Irán.

La política exterior del segundo mandato de Donald Trump dista de representar una ruptura total con el pasado. Las bases fueron sentadas por administraciones previas, tanto de los Demócratas como los Republicanas. Sin embargo, sus acciones obligan a la Izquierda no solo a reformular sus estrategias, sino también a reconsiderar evaluaciones y análisis previos sobre las naciones del Sur sometidas a formas extremas de agresión imperialista.

La resistencia frente a la ofensiva de Estados Unidos debe adquirir un peso mayor al momento de evaluar a los gobiernos. Asimismo, la desesperación y el agotamiento populares, que erosionan el fervor revolucionario y distancian a amplios sectores de la población de esos mismos gobiernos, deben comprenderse a la luz del trauma cotidiano que padecen como resultado directo de las acciones imperialistas.

Lo que el hiperimperialismo de Trump nos revela

El punto de partida es reconocer que, desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, Irán, Venezuela y Cuba se encuentran en un estado de guerra de facto, lo que representa una escalada de las múltiples formas de hostilidad y agresión de años anteriores. Este hecho es clave para evaluar a los tres gobiernos.

Si bien el compromiso de la Izquierda con la democracia debe mantenerse incuestionable e inquebrantable, en estos casos la responsabilidad principal por las perspectivas inciertas de la democracia recae en el asedio impuesto por las potencias imperialistas. Como señaló uno de los fundadores de la democracia estadounidense y su cuarta presidente, James Madison: "De todos los enemigos de la libertad pública, la guerra es quizás el más temible".

El cerco impuesto por el hiperimperialismo sobre Irán, Cuba y Venezuela pone en evidencia rasgos centrales del imperialismo que se remontan en el tiempo: en primer lugar, Washington ha perfeccionado el régimen de sanciones hasta convertirlo en una herramienta de enorme poder, capaz en ocasiones de infligir daños comparables a los de una intervención armada; en segundo lugar, el imperialismo constituye el principal motor de los acuciantes problemas económicos que enfrentan estas tres naciones; en tercer lugar, las justificaciones esgrimidas para las acciones emprendidas contra ellas no resisten un análisis riguroso; y, en cuarto lugar, la brutalidad del sistema de sanciones pone de relieve la necesidad de su eliminación total.

La discusión que sigue examina estos puntos.

La respuesta de Teherán a la Operación Furia Épica pone de relieve el impacto devastador de las sanciones. Los líderes del país han dejado claro que el levantamiento de estas —así como "garantías internacionales de no injerencia de Estados Unidos" en sus asuntos internos— constituye una condición innegociable para poner fin al actual conflicto. En otras palabras, la dirigencia iraní sitúa la destrucción provocada por las sanciones en un plano comparable al de los bombardeos.

En el caso de Venezuela, los acontecimientos que precedieron al secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores el 3 de enero de 2026 ponen de manifiesto la maquinaria de gran alcance y altamente coordinada que sustenta el régimen de sanciones. El seguimiento por parte de la segunda administración de Trump de la llamada "flota fantasma", que transportaba el petróleo venezolano sancionado —así como la interdicción de varios de esos buques— subraya hasta qué punto Washington ha perfeccionado los mecanismos de aplicación de las sanciones desde los primeros años de la Revolución cubana.

La primera administración de Donald Trump fue pionera en promover la "sobrecumplimiento" (overcompliance), mediante la cual el monitoreo ampliamente publicitado de Washington buscaba garantizar que empresas e instituciones financieras de todo el mundo evitaran cualquier transacción con Venezuela, incluso aquellas no específicamente contempladas por el régimen de sanciones.

El objetivo era imponer un verdadero bloqueo. Mike Pompeo y Elliott Abrams encabezaron una campaña —apoyándose en el FBI, el Departamento del Tesoro, las embajadas estadounidenses y la comunidad de inteligencia— para investigar las operaciones de empresas a nivel global con Venezuela, en lo que equivalía a un........

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