El tsunami de la polarización (I) |
A quien lea estas páginas.
Soy militante de izquierda desde mi adolescencia y militante del chavismo desde su inicio. No soy una figura nacional ni un académico de carrera. Pero creo que esa cercanía a la base popular venezolana me da una perspectiva que no siempre tienen los analistas de escritorio.
No escribo este artículo como un neutral ni como un converso al "dialogo por el dialogo". Lo escribo como alguien que cree que la izquierda venezolana necesita herramientas más finas que la consigna para entender un fenómeno que nos atraviesa a todos: la polarización.
He buscado deliberadamente un tono riguroso., porque el tema lo merece. He incorporado autocritica, porque una izquierda madura debe poder mirarse al espejo. Pero no he renunciado a mis convicciones. El lector atento notará que la tesis central sigue siendo profundamente chavista: el antagonismo inicial y más agresivo de sectores de oposición (el golpe de 2002 es un hecho, no una opinión). Pero también notará que he intentado ir más allá del "ellos son los malos". Porque si solo sabemos señalar al otro, nunca entenderemos por qué la espiral nos atrapo a todos.
Este artículo es, entonces, un ejercicio de militancia reflexiva. Espero que sea leído con la misma honestidad con la que fue escrito.
Durante las últimas dos décadas, cualquier venezolano o venezolana que haya vivido en el país reconoce esta escena: una reunión familiar o un encuentro entre vecinos que comienza con normalidad, hasta que alguien menciona un hecho político. El ambiente cambia, las voces suben de tono. En cuestión de minutos, quienes antes compartían un café se dividen en dos bandos que parecen hablar idiomas distintos. No se trata solo de discrepar sobre un gobierno o una oposición. Lo que ocurre es más profundo: el otro –el que piensa distinto- deja de ser un interlocutor válido para convertirse en una amenaza.
Este fenómeno tiene nombre: polarización política. En los últimos años, se ha vuelto una palabra de uso cotidiano en Venezuela, pero pocas veces nos detenemos a analizar que significa realmente, como funciona y, sobretodo, si es posible convivir con ella sin que termine destruyendo los lazos que aún nos une como sociedad.
Quien escribe estas líneas lo hace desde una convicción política clara: la izquierda, el socialismo y el chavismo. Pero este artículo no busca convencer a nadie de una postura. Mi propósito es, ante todo, educativo. Se trata de ofrecer herramientas para comprenderla polarización como un fenómeno complejo, que no se resuelve con llamados al dialogo ni con la demonización de quienes piensan diferente.
Para ello, partiremos de una idea central propuesta por la politóloga Chantal Mouffe: el conflicto político es inevitable y no tiene que ser destructivo. Lo que define si una sociedad se desgarra o logra convivir no es la existencia de diferencias, sino la forma en que se gestionan. Cuando el adversario se convierte en enemigo al que hay que aniquilar, entramos en una dinámica antagónica. Cuando, por el contrario aceptamos que el otro tiene derecho a defender sus ideas mientras respetas reglas comunes, nos vemos en el terreno de lo agonístico: una confrontación legitima, pero no violenta.
Venezuela ha transitado peligrosamente del agonismo al antagonismo. Y este Artículo propone una pregunta incomoda: ¿es posible mantener firmes nuestras convicciones políticas sin necesidad de deshumanizar a quien no las comparte? La respuesta no es sencilla, pero intentar construirla es el primer paso para volver a tejer un país donde quepamos todos, sin traicionar lo que cada quien........