El destino venezolano
Cualquier destino tiene múltiples interpretaciones. Es el futuro o es simplemente la necesidad por donde discurre una realidad, en forma de fatalidad, o la bondad por donde se traza el camino de la misma. Siempre estaremos destinados a vivir una determinada realidad, el problema es descubrir cuál es esa realidad. El destino la fija a cualquier ser vivo como no pero en este caso estamos hablando del destino de un país. Es evidente que nuestro destino se tornó en una fatalidad que se ha incrementado con el paso de los años hasta llegar al secuestro militarizado del que se decía presidente. Digamos entonces que cualquier destino es una prefigutación del futuro y en el caso nuestro esa prefiguración tiene el destino de una tragedia. El caso nuestro es en ese sentido una tragedia social, donde la población termina de pagar todo, principalmente a través del mecanismo del sueldo prácticamente en cero, el desastre que se ha cometido mediante la gobernanza de estado en la forma de una destrucción de todas las condiciones de vida de la población.
El destino nos marca la realidad a la cual de cierta manera estamos condenados. De eso se trata el destino venezolano. Nos condenamos a nosotros mismos particularmente dentro del movimiento popular. De esta manera se favorece que se vayan creando las condiciones para la descomposición del país y toda la fuerza organizativa que fue creándose desde los años 80. Ahora convertidos en una semicolonia no nos queda otra salida sino que su proceso mismo nos permite buscar en otra política una tercera alternativa que permita soberanía y justicia. Por supuesto todo esto no va a ser fácil, se trata no sólo de romper con un régimen sino de reamoldar un esquema de organización social y de gobierno que brinde al pueblo su verdadera dignidad.
Todo destino es profundamente complejo, el de nosotros tomó la línea de lo trágico, por lo cual el problema se centra en cómo superar ese destino, por ello estamos hablando de una tercera alternativa que saque ese destino fatal de sus propias condiciones. Algo que nos permita reconstruir el sentido de un pueblo libre, soberano y justiciero. Por ello reafirmamos que ningún destino es de por sí una fatalidad es sencillamente un giro de la realidad hacia lo que nos toca vivir por las condiciones de vida y como pueblo perteneciente a una historia de coloniaje y a la vez heroica. Podemos hablar entonces de un esfuerzo supremo por una revuelta ante este destino trágico, convirtiendo la fatalidad del destino implacable que nos ha tocado vivir en un problema hondamente político. De allí la importancia de establecer un camino hacia el socialismo original nacido en el siglo XIX dándole su forma hasta cierto punto científica bajo el pensamiento marxista. La igualdad humana que rompe no solo con el capitalismo financiero que hoy vivimos, sino con toda forma de totalitarismo y guerras de intereses como efectivamente nos ha tocado vivir este año que comienza.
