Venezuela entre el discurso y la realidad, el bullying de Trump
La historia política venezolana reciente se ha caracterizado por una profunda brecha entre las promesas revolucionarias y los resultados concretos. Durante años, el discurso oficial advirtió que la oposición entregaría las riquezas del país a Estados Unidos si llegaba al poder. Hoy, paradójicamente, observamos cómo esa supuesta entrega parece materializarse sin necesidad de cambio de gobierno, dejando al pueblo venezolano en un estado de perplejidad y desamparo que trasciende las divisiones políticas tradicionales.
La ironía es tan evidente como dolorosa. Aquellos que juraron defender la soberanía nacional, que invocaron constantemente el legado de Bolívar y Chávez, que prometieron resistir hasta la muerte cualquier injerencia extranjera, parecen haber quedado reducidos al silencio mientras las declaraciones desde Washington definen el futuro venezolano. El presidente Trump ha asumido un rol que muchos venezolanos perciben como el de un gobernante de facto, ordenando a potencias como China y Rusia que abandonen sus intereses en el país, sin que estas protestaran significativamente, y diseñando esquemas económicos donde el petróleo venezolano se vendería para financiar compras en Estados Unidos, supuestamente para satisfacer las necesidades venezolanas.
Lo que estamos presenciando es comparable al bullying en su forma más descarnada, trasladado al escenario geopolítico. Trump se comporta como el abusador del patio escolar que se sabe más fuerte y explota esa ventaja sin límite ni vergüenza. Dicta órdenes, amenaza, humilla públicamente, y espera obediencia inmediata. Como todo bully, se alimenta de la sensación de invencibilidad, de la certeza de que nadie puede plantarle cara. Venezuela es tratada como la víctima indefensa a quien se puede intimidar, despojar y ridiculizar sin consecuencias. El patrón es idéntico: primero viene la intimidación pública, luego el aislamiento de cualquier apoyo externo (ordenando a China y Rusia que se retiren), después la apropiación de los recursos (el petróleo), y finalmente la humillación definitiva de hacer que la víctima acepte y normalice el abuso........