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La Decolonialidad del Poder, del Saber y del Ser

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21.03.2026

La decolonialidad (o descolonialidad), es el proceso continuo de crítica, desvinculación y deconstrucción de la lógica hegemónica occidental, para superar la dominación del saber, el ser y el poder. Este proceso emerge como un paradigma crítico y emancipatorio que busca desmantelar las estructuras de poder, conocimiento y ser, que perpetúan la colonialidad del mundo contemporáneo. Se origina en el pensamiento latinoamericano y africano, esta corriente no se limita a la descolonización política, sino que abarca una crítica profunda al eurocentrismo, al capitalismo global y a las matrices de dominación que configuran nuestras sociedades. La decolonialidad del poder, del saber y del ser, representa un llamado a la descolonización integral, cuestionando cómo el poder se ejerce, cómo se produce el conocimiento y cómo se constituye el ser humano en un mundo marcado por la opresión colonial. Exploremos estos tres ejes centrales, destacando su relevancia para imaginar un futuro más justo y plural

El poder, tal como lo hemos conocido en el mundo moderno, está íntimamente ligado a la colonialidad. La decolonialidad del poder implica desmontar las formas de autoridad, que se originan en el colonialismo y que persisten en el neoliberalismo, el imperialismo y las instituciones globales. Según Aníbal Quijano, sociólogo marxista-mariateguista, ​ investigador, catedrático y teórico político peruano, propone que la colonialidad del poder se manifiesta en la fragmentación de los cuerpos sociales, donde el poder se distribuye de manera desigual, privilegiando a elites blanqueadas y masculinizadas sobre comunidades indígenas, afrodescendientes y feministas.

En América Latina, la decolonialidad del poder se evidencia en movimientos como el zapatismo en México o las luchas indígenas en Bolivia y Ecuador, que cuestionan el monopolio estatal del poder y proponen formas de gobernanza horizontal y comunitaria. Esta perspectiva no solo denuncia la violencia simbólica del poder colonial, sino que propone alternativas como la plurinacionalidad o la autonomía territorial, donde el poder se descentraliza y se democratiza. La descolonialidad del poder es, en esencia, un acto de resistencia contra la concentración de control en manos de élites globales, promoviendo una redistribución del poder que valore las voces marginadas.

El saber, o el conocimiento, es otro pilar de la colonialidad que la decolonialidad busca descolonizar. El eurocentrismo ha impuesto una epistemología única, donde el conocimiento científico occidental se presenta como universal, invalidando las cosmovisiones indígenas, africanas y asiáticas. Walter Mignolo, semiólogo argentino y profesor de literatura, argumenta que esta colonialidad del saber crea un "epistemicidio", donde saberes ancestrales son desvalorizados como "míticos" o "pre-racionales".

La decolonialidad del saber implica recuperar y validar las epistemologías del Sur Global, como las ontologías aborígenes que ven la naturaleza como un ser vivo, o las prácticas curativas africanas. Autores como Boaventura de Sousa Santos, proponen un "conocimiento de lo otro" que dialogue entre saberes locales y globales, fomentando una academia descolonizada. En la práctica, esto se traduce en currículos educativos inclusivos, publicaciones académicas multiculturales y redes de investigación colaborativa. La descolonialidad del saber no es solo una crítica intelectual, sino una herramienta para empoderar comunidades que han sido silenciadas por el monopolio cognitivo occidental.

El ser, en el sentido de la identidad y la existencia, es el tercer eje de la decolonialidad. La colonialidad del ser se manifiesta en la imposición de identidades binarias (blanco/negro, masculino/femenino, civilizado/primitivo) que niegan la multiplicidad de lo humano. El sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel, explica que esta colonialidad del ser genera exclusiones, donde los "otros" son reducidos a estereotipos que justifican su subordinación.

La decolonialidad del ser busca una "descolonización del yo", promoviendo identidades fluidas y pluriculturales. En contextos como el feminismo decolonial, se cuestiona el patriarcado eurocéntrico y se valora la matrifocalidad aborigen. Esta dimensión es vital para combatir el racismo, el sexismo y la discriminación, prejuicio y estereotipos sociales contra personas con discapacidad, ya sea física o mental, imaginando un ser humano que trascienda las categorías coloniales y celebre la diversidad biológica, cultural y emocional.

La decolonialidad del poder, del saber y del ser, representa un proyecto transformador, que va más allá de la simple crítica al colonialismo, invitando a una re-conceptualización radical de nuestras sociedades. Al desmantelar las estructuras de dominación que perpetúan la opresión, esta corriente ofrece herramientas para construir un mundo más equitativo y plural. En un contexto globalizado marcado por desigualdades persistentes, la decolonialidad nos recuerda que la verdadera emancipación pasa por la descolonización integral de nuestros cuerpos, mentes y relaciones. Su legado radica en la promesa de un futuro donde la diversidad sea celebrada, y no sometida, fomentando una humanidad verdaderamente libre y solidaria.


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