El abuso imperial: "mayor, mejor y más fuerte que nunca"

La retórica del poder en el siglo XXI parece haber abandonado los últimos vestigios de la diplomacia liberal para abrazar un realismo ofensivo descarnado. Las recientes declaraciones del presidente Donald Trump respecto a la nación iraní no solo representan una escalada en la tensión regional, sino que constituyen una confesión de parte sobre la naturaleza actual del imperio: un sistema que ya no busca el consenso, sino la aniquilación simbólica y material de cualquier vestigio de soberanía que no se arrodille ante el orden unipolar.

Cuando el mandatario estadounidense afirma que su arsenal está posicionado para la "destrucción de un enemigo ya sustancialmente debilitado" y amenaza con el fin de la "civilización iraní", está operando fuera de los marcos del Derecho Internacional Público. El Artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza, queda reducido a papel mojado ante la prepotencia de quien se siente juez, jurado y verdugo.

Hablar de la destrucción de una "civilización" es, en términos jurídicos y éticos, una instigación al genocidio y al memoricidio. Irán no es solo un actor estatal; es una profundidad histórica de milenios que el reduccionismo de Washington pretende borrar con "munición adicional".

Esta narrativa busca deshumanizar al adversario para que su eventual aniquilación sea percibida por la opinión pública occidental no como un crimen de guerra, sino como una "limpieza" necesaria.

La insistencia en que el Estrecho de Ormuz "permanecerá abierto y seguro" bajo el cañón de los buques estadounidenses es la máxima expresión del cinismo imperial. Para el derecho internacional, la seguridad de las rutas marítimas es una responsabilidad compartida, no una concesión otorgada por una potencia extracontinental.

Al declarar que las fuerzas de EE.UU. están "cargando y descansando", Trump utiliza una metáfora de depredador. No hay intención de paz; hay una pausa táctica para el reabastecimiento. La advertencia de que "se abrirá fuego" con una intensidad "mayor, mejor y más fuerte que nunca" si no se respetan acuerdos impuestos unilateralmente, revela que para el actual gobierno de EE.UU., el "acuerdo" no es un contrato entre iguales, sino un acta de rendición.

Es paradójico que se tilde a Irán de "sustancialmente debilitado" mientras se despliega la maquinaria bélica más costosa de la historia para contenerlo. Esta contradicción es propia del discurso fascista clásico: el enemigo es, simultáneamente, inferior y una amenaza existencial que justifica la violencia total.

El artículo "mayor, mejor y más fuerte" del imperialismo es su capacidad de destruir, pero su mayor debilidad es su incapacidad para construir un orden justo. La amenaza de borrar a Irán del mapa no es un signo de fortaleza, sino de la desesperación de un imperio que ve cómo el centro de gravedad del mundo se desplaza inexorablemente hacia el Este y el Sur Global.

La "civilización" que hoy está en riesgo no es solo la iraní; es la civilización humana en su conjunto, que sucumbirá si permitimos que el derecho del más fuerte reemplace a la fuerza del derecho.


© Aporrea