Nueva Doctrina de Seguridad Nacional: Soberanía e Independencia versus El garrote o la zanahoria |
Hablar hoy de seguridad nacional en Venezuela exige abandonar los lugares comunes y las fórmulas heredadas de la Guerra Fría para entrar en un terreno más complejo, híbrido y tecnológicamente sofisticado. Los acontecimientos recientes —presentados por el discurso político como el secuestro del presidente Nicolás Maduro por fuerzas especiales de los Estados Unidos— han sido utilizados como catalizador simbólico de una discusión impostergable: la necesidad de construir una Nueva Doctrina de Seguridad Nacional que responda a las realidades del siglo XXI y a la reconfiguración del poder global. Más allá de las narrativas y contra-narrativas, lo cierto es que Venezuela se enfrenta a un dilema estratégico que no puede resolverse ni con consignas ni con inercia institucional.
El título de este artículo —Nueva Doctrina de Seguridad Nacional: Soberanía e Independencia versus El garrote o la zanahoria— no es casual. Resume la lógica histórica de la política exterior estadounidense hacia América Latina: coerción cuando conviene, incentivos cuando resulta útil, atropellos o invasión cuando no le favorece la soberanía ni la independencia de un pueblo. Esta lógica, hoy reeditada con un lenguaje de seguridad ampliada, vuelve a colocar a Venezuela en el centro de una disputa geopolítica donde los recursos energéticos, las rutas comerciales y la autonomía política son los verdaderos objetos de deseo. No se trata, como se insiste desde ciertos discursos, de una cruzada moral contra el narcotráfico, el llamado Tren de Aragua o etiquetas como el Cartel de los Soles. El núcleo del problema es otro y es más antiguo, el control de recursos estratégicos en un mundo que transita hacia la escasez relativa de energía y materias primas críticas.
Desde esta perspectiva, las declaraciones del actual presidente Donald Trump y de su entorno, en las que se habla abiertamente de tutelar un eventual nuevo gobierno en Venezuela, no solo resultan indignantes y ofensivas desde el punto de vista de la soberanía. Revelan, además, una concepción anacrónica del orden hemisférico, donde ciertos países se arrogan el derecho de decidir el destino político de otros. Más grave aún es la ampliación del blanco retórico hacia gobiernos como el de Gustavo Petro en Colombia, Claudia Sheinbaum en México o Luis Inácio Lula da Silva en Brasil. Allí se insinúa una vuelta sin matices a una doctrina de supremacía regional que muchos consideraban superada.
Este contexto obliga a Venezuela a pensar su seguridad nacional no como un simple dispositivo militar defensivo, sino como un sistema integral donde convergen política, economía, tecnología, diplomacia y cultura estratégica. La supuesta facilidad con la que más de ciento cincuenta aeronaves habrían incursionado en territorio venezolano,........